viernes, 27 de noviembre de 2020

PROCLAMA ANUAL DE LOS "VEINTICUATRO" APLAUDIENDO LAS INTERVENCIONES EN SAN LORENZO Y LA ERMITA DE MADRE DE DIOS

 

Un año más y por estas mismas fechas, el colectivo Caballeros Veinticuatro hemos llevado a cabo la consabida proclama anual. En esta edición, aplaudimos y manifestamos nuestra satisfacción sobre dos actuaciones en sendos edificios históricos de la ciudad, que hubieran desaparecido del patrimonio monumental de no haber sido por la acertada intervención y el denodado esfuerzo que han llevado, y están llevando a cabo, dos entidades privadas, como lo son, los hermanos Mercedes y Eduardo Caño Sánchez en las ruinas de la Ermita de Madre de Dios...


En la Ermita de Madre de Dios

        ... y los hermanos Antonio, Nicolás y Manuel Berlanga de la Fundación Huerta de San Antonio en San Lorenzo. 



En San Lorenzo

           En ambos casos, se les hizo entrega de un pergamino que así lo certifica y sus receptores agradecieron nuestro gesto que sirve, en la medida de lo posible, para insuflarles ánimos en estos díficiles tiempos que estamos atravesando. 

Como todo el mundo sabe, nuestro modus operandi lo focalizamos principalmente en la preservación de las piedras centenarias de esta ciudad patrimonial. Pues bien, aprovechando este momento, queremos lanzar un SOS para con la ermita de San Bartolomé, antes que desaparezca por completo. Hemos comprobado con gran alegría, que el Consistorio está interviniendo en la plaza adyacente, adecentándola y poniendo en valor un espacio agreste, por lo que animamos a nuestros dirigentes, para que inviten al obispado a que intervenga en dicha ermita y ambas entidades colaboren de la manera más conveniente, para que el monumento que preside este espacio y da nombre al lugar, muestre remozado su antigua belleza. También sabemos, de buena tinta, que el propietario de la torre de Garci Fernández quiere intervenir en ella, por lo que todo sumaría en este enclave histórico y con encanto.

Proclama dada el viernes 27 de noviembre de 2020, festividad de Ntra. Sra. de la Medalla Milagrosa, pidiéndole que nos ayude a sobrellevar esta catastrófica pandemia e ilumine a todos los que trabajan para curarnos de ella. 

viernes, 13 de noviembre de 2020

NUEVO ATENTADO CONTRA LA CAPILLA DE LA SOLEDAD


Hoy, a eso de las cuatro de la tarde, dos jóvenes (de la raza que sean) cargados de odio y con varios masteres en incultura, se han liado a patadas contra la verja de la capilla de La Soledad hasta que han destrozado la puerta y han accedido a ella para llevarse tan sólo un Crucifijo de escayola, al cual le tendrían (suponemos) mucha devoción. Y todo aplana luz del día, con testigos incluso, por eso se saben que son menores. Tras la llamada del vecino colindante y mantenedor de la misma de manera altruista, se han personado allí las fuerzas del orden, la televisión comarcal y hasta los bomberos. La policía ha tomado algunas huellas que serán de quien va a cuidar la capilla un día si y otro también, por las las dellos no aparecerán, bueno, tal vez las de las huellas de sus zapatillas sí. Y lo triste de todo esto es que si los cogen, al ser menores de edad, pueden volver a delinquir haciendo uso del libe3rtinaje del que están graduados, a pesar de su corta edad. Miedo nos da cuando sean mayores. Esos no cotizarán nunca y serán una rémora para el Estado que para colmo pagaremos entre todos. 


    Los Caballeros Veinticuatro habíamos emprendido una campaña para restaurar o al menos mantener lo que queda del legendario e histórico cuadro de la Virgen de La Soledad (del Rosario para otros). Nos habíamos puesto en contacto con unas restauradoras locales para que nos hicieran presupuestos y ver qué posibilidades teníamos para afrontarlos. También teníamos solicitada audiencia con la alcaldesa para ver qué podía hacer el Ayuntamiento sobre este asunto que es de todos y de nadie. Con todo y con eso ya teníamos pensado varias actuaciones según la respuesta que obtuvieramos de Toni Olivares o de la concejala de Cultura. 

    Y en esas estábamos, cuando nos hemos llevado la sorpresa de la visita que han hecho hoy unos energúmenos a la mencionada capilla, posiblemente para tener más cerca de ellos el cuadro al que tanta devoción parecen profesar.     

lunes, 2 de noviembre de 2020

NUESTRO ADIÓS A "PACO SANTACRUZ"

Francisco Cayola "Paco Santacruz". 
Foto JASA,1998

Los Caballeros Veinticuatro de Úbeda, con este gesto, quieren dar su último adiós a un ubetense que llegó a codearse con los más grandes de la copla de su tiempo, al menos, sus manifestaciones y su albun fotográfico así lo atestiguaban.
 
    Cuando la orden menor de esta veinticuatromía estaba gestándose, algunos de nuestro colectivo coincidimos con Paco Santacruz en diferentes ocasiones dentro de la abacería del caballero Heráldico, entonces la tienda de Juanito Barranco, a finales de 1997 y comienzos de 1998. A partir de ahí la mayoría de nosotros entablamos cierta amistad con él, y el que esto suscribe algo más, porque en ocasiones se convirtió en el proveedor de ropa de los dos que están flanqueándolo: Manuel Fernández de Liencres y Paco Santa Cruz, ambos ya fallecidos. 

    Cuando Paco fue ingresado en una residencia de La Carolina, perdimos el contacto con él. Pero llegado el mes de abril de 2013, previa cita concertada, qusimos hacer una visita a nuetro paisano. Lo encontramos muy acomodado y lo principal, mejor atendido. Este encuentro para él supuso una fuerte dosis de ánimo. 

    Pasado el tiempo, algún caballero intentó ponerse en contacto con él, pero fue algo imposible. Hoy hemos conocido la noticia de su entierro a las 16:30 horas en Úbeda, la tierra a la que tantas veces cantó y donde se hallan las imágenes marianas que tantas veces vistió. 

    JASA, en nombre de los "Caballeros Veinticuatro".     

Manuel Fernández de Liencres, JASA, Paco Santacruz
y Juan G. Barranco. Foto JASA, enero de 1998

Los "Caballeros Veinticuatro" en su visita a Paco Santacruz.
Foto JASA, abril de 2013

sábado, 31 de octubre de 2020

MIS RECUERDOS DEL MES DE NOVIEMBRE

 


NOVIEMBRE

A pesar de comenzar con un día de fiesta, no era precisamente el mes que más atraía mi atención. Todo se tornaba de un color gris ceniza y en la calle se respiraba cierta melancolía, tristeza… brillaba menos la luz y se alargaba la oscuridad. Irremisiblemente se acercaba el invierno. Las chimeneas exhalaban el humo ceniciento del hogar desde el arranque del día. Las flores de las macetas ya no se asomaban a corrales y balcones.

EL DÍA DE LOS DIFUNTOS

Era en los primeros días de noviembre cuando la coqueta del dormitorio de mis padres cambiaba de aspecto, convirtiéndose en un pequeño altar donde se le rendía culto a los muertos y a mí me daba un poco de miedo. Allí, recostadas en el cristal biselado, estaban unas fotografías que durante el resto del año dormitaban en una caja de lata que aún desprendía olor a Cola Cao. Eran las fotografías de tres de mis abuelos. Delante de ellos se colocaba un recipiente -un tazón de loza- casi lleno de agua y se completaba con aceite usado para depositar sobre él unas mariposas encendidas que flotaban y lucían durante un día, hasta que comenzaban a chirrear, siendo esa la señal que anunciaba su final. Eran las luces para los difuntos, nuestros particulares santos. Aquellas mariposas progresivamente fueron decayendo en uso para ser sustituidas por las velas enfundadas en plástico rojo y hasta por otras imitaciones con alimentación de una pila. En todos los hogares de antaño existía esa tradición que aún se mantiene en las casas de algunos mayores.

            Las flores más populares que se ponían en las tumbas del cementerio eran las celosías, conocidas popularmente como “Crestas de gallo” y les llamaban “las flores de los muertos”. En las huertas de las inmediaciones dedicaban una parcela para cultivarlas y en el mercado de abastos se vendían durante los días previos a los Santos y Difuntos, para adornar los nichos y tumbas del campo santo. En la actualidad, esta flor ha dejado de estar vinculada a dicha conmemoración e incluso ha desaparecido de nuestro entorno.

GASTRONOMÍA POPULAR PARA LOS SANTOS

La gastronomía popular tenía para estas fechas sus especialidades concretas. Eran elaboraciones artesanales que se hacían en la mayoría de las casas, humildes o no, pero en las nuestras sí que se elaboraban en torno a la mesa de camilla y todos estábamos presenciándolas en derredor de ellas. En ocasiones, queríamos participar y meter la mano, pero los padres no nos dejaban, a lo sumo nos darían la tarea de echar el azúcar o la canela por encima. Estos platos típicos consistían en las exquisitas gachas, que muchos mocicos las empleaban para hacer la gracia tapando las cerraduras de las puertas de la calle, sobre todo donde había mocicas. Otro plato estrella eran los boniatos asados o batatas, espolvoreados de canela, todo un manjar para los paladares de entonces. Las castañas asadas solían venderse en la Plaza Vieja en unos puestos cercanos a los carrillos, o bien se asaban en viejas sartenes que se calentaban en la lumbre e incluso en el brasero. Alguna que otra vez mi madre nos hacía calabaza encalá. En las confiterías de la época, como las de Camprubí, Lope o Pepico, se fabricaban otros productos que también han llegado hasta nuestros días, como los Huesos de Santo o los Buñuelos de Viento. Los ubetenses de más edad recordaban que, años atrás, hubo algunos vendedores ambulantes que ofrecían estos buñuelos, destacando entre todos a uno que llamaban “El Regaera” y que se situaba a la salida de los cines o bajo los soportales de la plaza del General Saro (Plaza Andalucía) con su cesta de mimbre al brazo para venderlos, pero él los rebautizó con el sugerente nombre de “Pelotas de fraile”.

El eje en torno al cual giraba toda la vida en los meses invernales, era la mesa de camilla; y era el común denominador de todos los hogares que se convertía en el momento ideal para que nuestras madres nos hicieran una sartená de rosetas y culminar así la felicidad del día.

Texto extraído del libro 12 MESES DE MI INFANCIA. "Úbeda en los años 60 desde la calle Fuente de las Risas".

JASA   

martes, 13 de octubre de 2020

MIS RECUERDOS DEL MES DE OCTUBRE


 OCTUBRE

Comenzaba octubre un poco más tarde para los chiquillos, porque la feria ocupaba los primeros días. Ya las jornadas eran más cortas, la climatología inestable y la tristeza del otoño era evidente. Los días y las luces cambiaban sus tonalidades. En un festivo y a mediados de mes, nos llegaban los sones procedentes de la Academia de Guardias y horas más tarde, con sus guantes blancos y tricornios, los alumnos inundaban la ciudad.

EL BRASERO

Era a finales de este mes cuando se sacaban las faldillas de los cajones de la cómoda y se vestían las mesas de camilla y acto seguido el brasero ocupaba su lugar en el hueco bajo la mesa. Los braseros serían los encargados de caldear las habitaciones, principalmente en las que se hacía la vida, como las cocinas o los comedores. Estaban alimentados por las ascuas procedentes de la lumbre o el fogón, aparte de la candela, orujo o carbonilla; cuando no era así, se encendían en los corrales e incluso en las puertas de la casa. Éstos, solían estar protegidos por la lambrera y custodiados por la paletilla que servía para remover el rescoldo cada cierto tiempo, misión que realizaban los mayores. Los braseros, ocasionalmente y cuando se habían pasado las ascuas, servían para asar algunos productos como las castañas, las pieles del bacalao o las cebolletas. También se convertían en el consuelo para calentar las frías camas en las noches de invierno. En las casas de los señoritos, estos braseros calientacamas eran de un metal bronceado y tenían un mango largo. A muchos les vendrá a la mente los humeantes tizones en los braseros procedentes de la candela que nos hacían llorar, nos atufaban e inundaban de una fuerte pestilencia toda la habitación hasta que no acababan con su vida asidos por las tenazas y ahogados en el corral dentro de un cubo de agua, aunque ya nos habían impregnado la ropa de un desidioso olor a zorruno. Para remediar ese tufillo, mi madre le echaba al brasero una cáscara de naranja y la estancia olía de otra manera más agradable. La contraindicación de este calefactor artesanal estaba en su combustión y a veces, quienes se quedaban dormidos sobre la mesa de camilla, podían atufarse.

            Hace pocos meses encontré varios braseros arrinconados en el terrao de la casa de mis padres. Aún mantenían erguida su figura, aunque su estampa estaba cubierta por el polvo y su finalidad sepultada por el tiempo.

LA CANDELA

En los años en que mi padre tuvo cabras, les traía ramón y chupones de los olivos para complemento de su alimentación y ahorro en pienso. Parece que estoy viendo los hachos de ramón colgados en la pared y las cabras royéndolos hasta dejar las ramas sin hoja alguna. Estos hachos o haces, ya de leña, los depositaba en un rincón del corral para que se secaran y esperar la llegada del otoño para hacer con ellos candela. Alguna vez lo vi junto al pilar de la Fuente de las Risas formando una pira con los haces secos. Cuando ya habían prendido y antes de convertirse en ceniza, el rescoldo lo iba apagando poco a poco en el momento justo para que hiciera una cocción ahogándolo. Era un arte saber cuándo la candela estaba en su punto y convertirse en combustible para el brasero. Una de las últimas veces no terminó de apagarse bien y comenzaron a prenderse los sacos cuando ya estaban almacenados en la cuadra.

Había otras maneras de hacernos con la candela, bien comprándola al “Alpargate” que la vendía por las calles a lomos de su burro y con el serón cargado, o en la carbonería de Rosa “la torrecampeña” que tenía un lúgubre y ennegrecido almacén en una casa que hacía esquina con la calle 18 de Julio y González. Allí, aquella mujer oriunda de Torredelcampo, vendía por celemines la candela (picón), orujo, carbón y carbonilla, siempre con una mano protegida por un guante negro.  

Texto extraído del libro "12 MESES DE MI INFANCIA. Úbeda en los años 60 desde la calle Fuente de las Risas". JASA

lunes, 28 de septiembre de 2020

PROGRAMACIÓN DE LA ATÍPICA FERIA DE SAN MIGUEL DE ÚBEDA 2020

 


Para todos los que lo deseen, aquí comparto el programa de feria que he confeccionado para mi archivo particular. No quería dejar pasar por alto esta atípica feria sin tener la posibilidad de guardar, junto con todos los de su especie, el programa correspondiente a la Feria de San Miguel 2020, marcada por la pandemia. 








MIS RECUERDOS DEL MES DE SEPTIEMBRE

 

SEPTIEMBRE

Este mes se aferraba en ser la continuación del verano y aunque las horas de luz se iban acortando y algunas tormentas hacían acto de presencia, todavía quedaban vestigios del buen tiempo que tanto me gustaba, porque los primeros días seguían siendo una prolongación de la época estival y la escuela no arrancaba en serio hasta después de la feria, que para mí y todos los chiquillos, era la fiesta más esperada de todo el año.

LA VERBENA DE LA VIRGEN

La verbena de mi calle sólo la recuerdo muy remotamente en los primeros años de esta década. En una hornacina y en la esquina de la casa que había frente a la que yo nací había, y hay, una pequeña imagen de la Virgen María. En honor a su festividad el Santo Nombre de María o Dulcenombre de María, se celebraba cada 12 de septiembre una verbena. Todos los vecinos del ese tramo de calle participaban de alguna manera dando realce a la misma, colocando banderines de tela de balcón a balcón y sacando macetas a la puerta de la calle. Esta imagen tenía su cuidadora especial que se llamaba Isabel Jiménez, mujer muy devota a la que todos conocían como Isabelilla. Ella ejercía de camarera y también la que adecentaba de vez en cuando la pequeña hornacina. Pero era en septiembre cuando se volcaba mucho más, convirtiendo aquella pequeña capillita en todo un altar repleto de flores que llevaban los vecinos. Durante su día y la víspera, la reja que la guardaba permanecía abierta y como algo especial, se colocaba delante un altar y se le ponía una bombilla con mucha más potencia de la habitual que iluminaba la noche como un ascua de oro. Algunos vecinos que no llegaban hasta la verbena, sacaban sus sillas a la puerta de la calle y allí se convidaban a cuerva acompañada de alguna berenjena. A Juan Pedro Gallego “Telaraña”, el que ejerciera de mi abuelo, le llamaban el alcalde del barrio porque aportaba algo más a la causa y también ponía una bombilla extra encima de su balcón para dar más luz a la zona. Recuerdo ver en las cámaras de su casa, las banderitas ajadas por el tiempo confeccionadas con retales de telas multicolores, adheridas a largas y enmarañadas cuerdas. A comienzo de esta década (1961-1962) desapareció la verbena, e Isabelilla en ese día de septiembre, sólo engalanaba la Virgen y su hornacina, también mantenía encendida la bombilla “gorda”. Hace poco tiempo, unos nuevos propietarios de la casa donde se ubica la imagen, quisieron rescatar esta tradición y la mantuvieron durante varios años para el recuerdo romántico de los más viejos del lugar. En cuanto a la antigüedad de la capilla sabemos, por Juan Ramón Martínez Elvira, que ya existía en 1702, por lo que suponemos que estaba erigida -cuanto menos- a finales del siglo XVII.  



LA FERIA EN LA ESTACIÓN

La celebración oficial de la festividad San Miguel en la feria de los años 60 se limitaba a una misa en Los Frailes y así se ha mantenido durante muchos años hasta la aparición del grupo parroquial que en su día impulsó Eduardo Jiménez Torres “Zorrica” y que saca en procesión al patrón desde el año 2001. La feria, durante la década que estoy recordando, tuvo su enclave en lo que iba a ser en su día la nueva estación del tranvía, aunque por avatares del destino quedó siendo la estación de autobuses y en la actualidad aún continúa allí. Dentro de la edificación y a mediados de los 60 (1966-1967) se montó un parque y rio artificial con ciervos incluidos a iniciativas de la Compañía Sevillana de Electricidad en colaboración con la Jefatura Provincial de Montes, dando vida a la Feria de la Electricidad. Aquello fue un atractivo que recuerdan todos los que lo vivieron. Bajo el mismo techo se ubicaba la caseta municipal. En 1960, y esto no lo viví pero me lo han contado, en los bailes de esta caseta popular, cada día se elegía a la “Guapa” de un barrio y curiosamente uno de esos días le tocó a la representante del “Barrio de la Fuente de las Risas” ¡Qué categoría! A su alrededor se montaban las demás casetas, los carruseles y el teatro Chino de Manolita Chen, que llamaba nuestra atención pero sin saber qué espectáculo se ofrecía en su interior. Aparte de los perdurables coches de choque, estaban las Cunicas de Sánchez, las Olas de Vico, las Volaoras, los Aviones-torpedo, la Barca, el Látigo, el Baby Maribel, Baby Gaitán, etc.,… Había otras atracciones como la Casa de los Espejos, La Petite Terín, La Mujer serpiente y las tómbolas como la de Cristóbal con su regalo de ¡Balón, balón, balón y balón! o la de Las Muñecas con su premio especial de ¡Una Muñequita andadora! En el entorno, se ubicaban los bares, churrerías y varios puestos, algunos exponiendo una novedosa golosina como era la manzana envuelta en caramelo rojo y en algún rincón o esquina, un hombre o mujer vendiendo berenjenas de Almagro que tenía dentro de una orza. Y otros tenderetes que vendían marisco con montones de camarones, cangrejos y gambas muy rojizas, sobre hules de plástico blanco. Frente a la estación se instalaban otras casetas de baile, como la del Club Diana e incluso de la Cruz Roja, porque la del Club 61 la instalaban en el edificio de Falange. Detrás de la Colonia del Carmen (antes de convertirse en la calle Granada) montaban el circo Arriola pero a él nunca me llevaron mis padres; nos conformábamos con ver por detrás las jaulas de las fieras y comprobar el pestazo que desprendían. En esta década se impulsaron varias actividades que ya han desaparecido, como el Concurso de Hípica en el Campo General Nogueras Márquez, desde 1967; las carreras pedestres, las carreras ciclistas y también unas curiosas carreras de camareros. Las tiradas de Pichón y Plato, las representaciones teatrales y sobre todo las corridas de toros, tenían su cita anual en estas fechas, despuntando por este tiempo nuestro torero más destacado, Antonio Millán Díaz “Carnicerito de Úbeda”. La feria de ganado estaba por entonces ubicada en la calle San Marcos e inmediaciones y pocos años después la trasladaron a la parte norte, junto a la carretera de Circunvalación y calle Carolina. Ponía el broche final la Gran Traca que, junto al Castillo de fuegos artificiales del día de San Miguel, eran los dos espectáculos pirotécnicos que en aquellos años se hacían.  

JASA