martes, 6 de agosto de 2019

ADIÓS A NUESTRO ÚLTIMO "COLMENERO"

Pedro Rodríguez Latorre "Colmenero"
(Foto.- Lorenzo Rodríguez

Rodeado de sus familiares más allegados y revestido con la morada túnica de Jesús, colgando sobre su pecho la medalla de la cofradía y entre sus yertas manos una estampa de la Virgen de los Dolores, emprendía el camino eterno el último de nuestros veteranos "Colmeneros"; sus cuatro hermanos (Diego, Manuel, Lorenzo y Blas) ya le habían precedido en este trance tan justo y necesario como doloroso y nunca deseado. Uno de sus sobrinos, Lorenzo, lo llevaba de vez en cuando a los olivares que pertenecieron a sus antecesores hoy cultivados por las manos de descendientes de su misma saga para comprobar cómo estaban las fincas y cómo se encontraba la próxima cosecha de aceituna. Él fue uno de los que emigraron a provincias más prósperas en aquellos años de mediados del siglo pasado en los que el campo no tenía futuro. Pero sus raíces las tenía en la tierra que le vio nacer, aquella que en su juventud labró con sus manos, a la que nunca dio la espalda y siempre que podía volvía a reencontrarse con los suyos no faltando nunca a la cita de cada madrugada de Viernes Santo con su Jesús, cofradía a la que pertenecen buena parte de sus familiares. Y aquí vino a pasar los años de jubilación (que fueron muchos) y aquí quería ser enterrado, junto a su mujer, Juanita. Carmen, la compañera que le acompañó durante 17 años, fue feliz a su lado y el cariño era recíproco. Ambos, desposeídos de sus parejas por la interposición de la muerte, se hicieron mutua compañía en la última etapa de sus vidas. Ayer dijimos adiós al "tío Pedro", un hombre bueno... ¡Ah! y un ferviente seguidor del Atlético de Madrid. 

Pedro Rodríguez (el 5º por la izquierda) junto a su hermano Blas,
 vistió la túnica de Jesús hasta cumplidos los 80 años de edad.
Foto JASA, abril de 1998. 

Tus sobrinos: Aurora, Lorenzo y JASA

jueves, 1 de agosto de 2019

LOS REFUGIOS ANTIAÉREOS y (II)

Refugio de San Isidoro. Foto.- Lorenzo Rodríguez Alhambra

El 5 de abril de 1938 hallamos que el alcalde había viajado a Valencia (pues no olvidemos que en aquellas fechas el gobierno de la nación se había trasladado a la capital del Turia) y una de las gestiones que hizo, fue la presentación a la Comisión Nacional de la D.E.C.A. los planos y memoria para la construcción de los refugios subterráneos sólidos y capaces, diseñados por el técnico aparejador Eduardo Boluda Leiva. Una vez examinados detenidamente por aquel organismo, salvo pequeñas modificaciones, estos fueron aprobados. Otra de la gestiones, fue la comprar una sirena que una vez instalada en punto estratégico se oyese en un radio de tres o cuatro kilómetros. También dice el periodista que Úbeda, por motivo de los muchos refugiados, había triplicado su población.
El 10 de noviembre de 1938 viene un bando que dice así: “Teniendo esta Junta, necesidad de retirar los escombros existentes en los alrededores de los refugios del Claro Alto y Plaza de Carreteros, por medio del presente, se invita al pueblo en general y especialmente a los ciudadanos que posean caballerías o posean carros, a fin de que por cada ganado que tenga retire de dichos refugios la cantidad de quince cargas, depositándolas en los murallas de los Miradores, operación que deberá de hacerse completamente gratuita, etc., etc.”. Por lo que vemos, el otro refugio proyectado en lo que ahora es la calle Almadén, ni se inició.
El 20 de noviembre de 1938 en el periódico de este día, el D.E.C.A. publica un bando en el que se da a los ciudadanos instrucciones de cómo debían de actuar en caso de bombardeo si no les diera tiempo a marchar de su casa.
El 10 de diciembre de 1938 viene otro comunicado de la D.E.C.A. con cuatro acuerdos. 
1º.- Se recordaba a los propietarios de caballerías y vehículos la obligación que tenían de retirar gratuitamente de la vía pública los escombros procedentes de los refugios tal como tenía dispuesto la Comisión Nacional de Defensa Aérea.
2º.- Acuerdo que decía en síntesis que, haciendo falta para la terminación de los refugios personal laboral que habiendo en las calles numerosos hombres parados, se había dispuesto que las autoridades civiles y militares les obligasen ir a colaborar desinteresadamente para terminar aquellas obras tan necesarias.
3º.- Se avisaba a toda la población civil y militar que de comprobarse que no colaboraban con los guardias de los refugios a la buena conservación de los mismos y se dedicaran a tirar en ellos inmundicias, los utilizaran indebidamente, o inutilizasen el alumbrado u otros enseres de los mismos, sería considerada como persona desafecta a aquella Comisión y a la República y le sería puesta una multa de consideración y puesta a disposición de la autoridad competente.
4º.- Se recordaba a los ciudadanos en general que tuvieran muy en cuenta las instrucciones que debían de seguir en caso de ataque aéreo y además advertía que aunque no sonara la alarma y oyeran algún avión que se pusieran a cubierto y no se pusieran a observarlos bajo la multa o castigo correspondiente.
El 20 de enero de 1939 venía otro bando en el que se recogía lo del anterior y además advertían cómo debían protegerse los ciudadanos de los cristales y qué debía de hacerse de noche con las luces en caso de haber alarma, pues no debía de dejarse ni un rayo de luz que pudiera ser visto por las aeronaves. Advertían que los contraventores tendrían que pagar una multa de 75 pesetas la primera vez, de 200 la segunda y si llegase a la tercera, pagaría 500 y pasaría a disposición de los tribunales competentes. Este bando se repite en todos los números del periódico citado hasta el fin de la guerra.
No sabemos cuánto dinero efectivo se empleó en la construcción de dichos refugios, pues desde que se inició la suscripción hasta que dejan de publicarla el 10 de agosto de 1938, tenían recolectadas 351.188 pesetas, pero tenemos constancia de que el público siguió colaborando casi hasta el final de la guerra. Como se puede apreciar, parece ser que la guerra acabó y el refugio de San Isidoro no les dio tiempo ni a retirar todos los escombros que habían quedado dentro del mismo.
Ventilación del refugio de San Isidoro. Foto LRA.

Sellos-cupones para sufragar la construcción de los refugios

lunes, 1 de julio de 2019

LOS REFUGIOS ANTIAÉREOS (I)


Entrada la refugio de San Nicolás

Este tema nunca había sido tratado por los historiadores locales, por lo tanto todo lo que aquí demos a conocer será inédito para la mayoría de los ubetenses. Se trata de los refugios antiaéreos. Sí, esos abrigos que se construyeron en la guerra civil para guarecerse en caso de bombardeos. Gracias a las noticias vertidas por el semanario Vida Nueva, sabemos cuándo se iniciaron, quién los proyectó, quiénes trabajaron en su construcción y quién los pagó. Desde luego fue un gran derroche de trabajo y dinero invertido en unos refugios que afortunadamente nunca se llegaron a utilizar.
Una de las grandes preocupaciones que tuvo nuestro Ayuntamiento en el periodo de la Guerra Civil, fue dotar a la ciudad de estos locales en donde la población pudiera resguardarse en caso de haber bombardeos y gases. Según el periódico Vida Nueva del 8 de noviembre de 1937, esta responsabilidad le vino al alcalde a partir de la circular que el ministro de la defensa Indalecio Prieto había enviado el 29 de junio de 1937 a los alcaldes ordenándoles la creación de comisiones para que se encargaran de la preparación y realización de dichos refugios. El redactor nos dice que el 6 de noviembre el alcalde Blas Duarte Ortiz convocó una reunión con los técnicos y demás personas, saliendo de esa junta nombrada la comisión que había de encargarse de llevar a efecto lo ordenado. El nombre de la misma fue Defensa Especial Contra Aeronaves, D.E.C.A. También acordaron reunirse cada semana con el alcalde para dar cuenta de las gestiones realizadas y demás asuntos.
El día 22 de noviembre de 1937 el semanario citado nos dice que el lunes día 15, el alcalde se reunió con la D.E.C.A. y entre otros acuerdos tomaron los siguientes:“Abrir una suscripción con el fin de recaudar fondos para la construcción de los refugios. Establecer un impuesto de dos pesetas mensuales para todos los cabezas de familia que figuren en las cartillas de racionamiento. Hacer una emisión especial de sellos para sean adheridos a toda clase de artículos. Oficiar a las entidades de albañiles U.G.T. y C.N.T. para que faciliten relación de los obreros parados, no comprendidos en las movilizaciones decretadas por el Gobierno, para poder crear las brigadas de desescombro. Así mismo acordó en invertir en esta clase de trabajos a los obreros evacuados. Construir tres refugios-sótanos: Uno de ellos en la travesía de la calle Minas a la Explanada (Desconocido y quizás no se construyó); otro en la Plaza de Carreteros y otro en la plaza del Cronista Muro (Claro Bajo). Habilitar nuevos sótanos en los sitios estratégicos para una capacidad de 15.000 personas, además de los 30 ya terminados, que tienen una cabida aproximada de otras 15.000. Con estos sótanos y las defensas antiaéreas que se están instalando, la Comisión confía en que Úbeda quedará perfectamente prevenida, para sufrir el menor número de víctimas, en caso de producirse un bombardeo”. Continúa el periodista diciendo que habían visitado los refugios ya terminados y dice: “…merece destacarse, entre otros muchos, el construido en la Fuente Seca, por su magnífica obra de gran capacidad y resistencia”. Esto nos hace pensar que en este refugio actuaron a marchas forzadas, pues aunque hubiesen empezado cuando se recibió la orden ministerial, sólo habían transcurrido cinco meses escasos, por tanto o allí había de antes alguna cueva u hostigo natural y lo que hicieron fue una intervención de remodelado y seguridad como son los arcos, o dijeron algo que no era cierto. Termina el periodista alabando al técnico aparejador del Ayuntamiento Eduardo Boluda Leiva por su labor y le alienta a seguir. Un maestro de obras de los mismos fue Antonio Deblas Olivares.
El 6 de diciembre de 1937 se nos dice que debido a los enormes gastos que producían la construcción de los refugios, los miembros de la D.E.C.A. trabajaban incansablemente para ver el modo de hallar dinero para ello. Y acordaron abrir una subscripción voluntaria en los siguientes lugares: Alcaldía, Comandancia Militar, Centro de Higiene del Hospital, Inspección de Policía, Comercio “La Verdad” e Industrias Graficas. También dice que a beneficio de la construcción de refugios, se celebró un grandioso concierto musical por veinte profesores de la orquesta de espectáculos públicos, se guidas de las palabras del señor alcalde para continuar con la actuación de la inteligente y culta maestra nacional Guillermina de la Obra Beierle, que dio un recital de poesía de los mejores autores y además cantó algunos fragmentos de zarzuelas. Y como fin de fiesta se proyectó la película “Melodía de Broadway”.
El 15 de marzo de 1938 en este informativo viene un aviso del alcalde como presidente del comité de la D.E.C.A. haciendo saber que la construcción de los necesarios refugios suponía un enorme gasto de jornales y materiales y que ateniéndose a lo que el ministerio ordenó, su coste tenía que ser pagado por cuenta exclusiva de todos los ciudadanos sin distinción de clase ni edad. Decía también que, aunque tenían facultad para gravar los artículos de consumo en lo que hubiesen creído conveniente, el comité había confeccionado pliegos de sellos que entregaba en cada establecimiento y que debían de pagarle en el acto. Y el vendedor tendría que pegar en los productos, que no fueran de primera necesidad, tantos sellos como importara el 25% del producto que pagaría el cliente. El comerciante también tendría que poner un sello en cada carta comercial que enviase y en cuantas operaciones comerciales realizara. Y advertían que “dejamos en entera disposición, no estableciendo por ahora, más control sobre las mismas que el que le dicte su conciencia antifascista y convencidos de su seriedad, pero si en el transcurso de los días viéramos que su labor en beneficio de este altruista fin era hostil a nuestros propósitos, nos veríamos obligados a tomar medidas encaminadas a conseguir, por mandato de la disposición ministerial que reseñamos, la recaudación que en derecho le corresponda”. Por otro lado vemos que, con el mismo fin, el Consejo Municipal acordó entregar a la D.E.C.A. la subvención mensual que tenía asignada para el socorro del hospital y el de calamidades públicas.

Refugio de la calle Fuente Seca (Mesón Gabino)

Símbolo de la DECA

martes, 4 de junio de 2019

EL DÍA DE LA ASCENSIÓN Y LA VIRGEN DE LA SOLEDAD



Se desconoce su origen aunque, como mínimo,

la procesión es centenaria 


La cofradía de la Virgen de la Soledad sabemos que tiene su origen en el año 1554 y en la iglesia del arrabal de San Millán, pero hay muy pocos datos sobre cuándo se saca a esta imagen en procesión el día de la Ascensión. Se dice, que es desde tiempo inmemorial y que la fiesta y procesión fue originada por el numeroso gremio de los alfareros que antes había. Según el historiador Juan Ramón Martínez Elvira, la cofradía de San Cristóbal formada por alfareros, pedía la imagen a la cofradía para sacarla en procesión y entre ambas la procesionaban en uno de esos “tres jueves que brillaban más que el sol”. Debió haber unos años de lapsus, aunque después de la guerra el gremio de los alfareros unidos bajo advocación de las santas Justa y Rufina, volvieron a retomar la procesión y la mantuvieron en vigencia hasta que estuvieron a punto de desaparecer en 1968 y se agregaron a la cofradía, siendo desde entonces cuando la propia cofradía se hace cargo de la procesión de La Ascensión, manteniendo así esta tradición que aún perdura.
Desde este medio vamos a mostrar a los lectores unas cuantas fotografías que nos muestran varias etapas de la Virgen de la Soledad en el día de La Ascensión.  
La fotografía más antigua (1) que nos hemos encontrado está publicada en el libro TESTIGOS DE LA SEMANA SANTA DE ÚBEDA y data de comienzos del siglo XX, siendo desconocido el autor de la toma aunque muy bien pudiera pertenecer al fotógrafo de aquella época llamado Antonio de la Torre y Soria. Como se puede apreciar las dos imágenes se hallan en un pequeño trono de andas en la puerta de San Millán con un exorno floral que no corresponde al de Semana Santa porque también está desprovisto de luz penitencial. Por consiguiente, pudiéramos estar ante la fotografía más antigua de la Virgen de la Soledad en el día de la Ascensión.
Tienen que pasar muchos años más para que podamos volver ver fotografías de la Soledad en este día grande. Para ello, nos vamos a valer del libro de corte artesanal y pequeña tirada, que confeccionó el fotógrafo Felipe Romero Molina y se imprimió en el año 1984.
La siguiente fotografía (2) podría estar realizada en la década de los años 50 y por el extraordinario acompañamiento de público que transita por la calle Valencia, pudiera ser que la imagen la sacaran en procesión después de mucho tiempo sin hacerlo; tampoco se ve la bandera de la cofradía. Lo curioso es que la llevan en el mismo trono de la Semana Santa. Luego, existe un reportaje completo hecho por Felipe a comienzo de la década de los 70, que ilustra la mayor parte del libro anteriormente mencionado, donde se aprecian devotos, cofrades y personajes muy vinculados con esta cofradía que aglutinaba al gremio de los albañiles y también al gremio de los alfareros sin olvidar a vecinos devotos del barrio de San Millán.





Fotografías de Felipe Romero

miércoles, 29 de mayo de 2019

MILES DE AGRICULTORES PROTESTAN EN JAÉN POR LOS BAJOS PRECIOS DEL ACEITE


Hoy, en Jaén capital y ante la Subdelegación del Gobierno, miles de agricultores se han manifestado en contra de los bajos precios que tiene el aceite y que abocan a este sector a la ruina, junto a todo lo que se mueve a su alrededor. Varios responsables provinciales y autonómicos leyeron un comunicado que luego entregaron a la subdelegada y prometió que haría llegar al presidente del gobierno todas estas reclamaciones. A la concentración asistieron agricultores oleícolas de todas las provincias de Andalucía y algunas de comunidades limítrofes. Más de un centenar de ubetenses asistieron a esta reivindicación por un precio justo de nuestro producto estrella, cuyo bajo precio es una maniobra política orquestada desde Bruselas -expusieron.   

Enviado especial.- El Mercader





martes, 30 de abril de 2019

MADRE DE DIOS DEL CAMPO

Foto Talavera

En épocas de grandes epidemias,
la ermita-hospedería se convirtió en un lazareto

Hace algo más de un mes fue publicado en prensa que las ruinas de Madre de Dios del Campo volverían a recobrar la vida. Nosotros, celosos y atentos a todas cuantas noticias positivas acontezcan en torno a nuestro patrimonio, nos congratulamos de dicha iniciativa que mantendrá en pie los restos que se elevan erguidos de esta ermita cuyos orígenes datan del siglo XV.
Según el cronista de la ciudad, Miguel Ruiz Prieto, su erección es muy antigua. Los datos posteriores que nos aporta datan del año 1495, cuando Andrés Fernández otorgó en escritura al convento de la Trinidad un palacio que poseía a la izquierda y junto a la ermita de Madre de Dios. Las rentas y el mantenimiento del edificio fueron decayendo progresivamente por lo que a comienzos del siglo XVIII hubo que acometer unas importantes obras de reconstrucción que duraron casi medio siglo costando su intervención muchos reales de vellón procedentes de donativos y limosnas. En dicha intervención se acondicionó una hospedería para ayuda al viajero y al mantenimiento del santuario. El altar mayor de la iglesia estaba presidido por la Madre de Dios del Campo y a lo largo de la nave había varios altares menores más (Cristo del Calvario, Santa Isabel, Santiago…), también disponía de coro, sacristía y todo lo concerniente a una iglesia de culto. Un sacristán era el encargado de cuidar todo este patrimonio remozado. Los fieles dotaron de muchos bienes -sobre todo rústicos- para el mantenimiento de esta ermita-santuario. También existía una cofradía de antiguo que rendía culto a esta imagen protectora de los campos.
La estancia de los franceses no benefició en absoluto a los edificios ni a las órdenes religiosas, pero la puntilla la puso la desamortización llevada a cabo entre 1820 y 1823. Así, el decreto de 1 de octubre de 1820 editado por las Cortes del Trienio, suprimió “todos los monasterios de las Órdenes monacales; los canónigos regulares de San Benito, de la congregación claustral tarraconense y cesaraugustana; los de San Agustín y los premonstratenses; los conventos y colegios de las Órdenes Militares de SantiagoCalatravaMontesa y Alcántara; los de la Orden de San Juan de Jerusalén, los de la de San Juan de Dios y los betlemitas y todos los demás hospitales de cualquier clase”. Su patrimonio, muebles e inmuebles, quedaron “aplicados al crédito público” por lo que fueron declarados “bienes nacionales” sujetos a su inmediata desamortización siendo todos enajenados. Sin embargo, gracias a la cofradía, se mantuvo el culto a la imagen y se hacían misas. 
A lo largo de su historia este edificio ha ido pasando por numerosos avatares, dado que su hospedería también fue utilizada como hospital extramuros en épocas de epidemias, donde los enfermos sobrevivían a la cuarentena con escasos cuidados. A estos lugares se les llamaba lazaretos. El edifico donde se halla la ermita-santuario-hospedería, va dando tumbos entre penurias y limosnas durante muchos años hasta llegar a 1944 donde hay un proyecto de rehabilitación y trasformación del santuario en Casa de Ejercicios Espirituales, encargo que hizo el alcalde Bonifacio Ordóñez a Francisco Prieto, que era, ni más ni menos que, el arquitecto director de la Alhambra. Las obras llegaron a estar en un avanzado estado hasta que se abandonaron por cuestión presupuestaria. Nuevamente el edificio quedó en manos del destino y en su interior convivieron varias familias gitanas que utilizaron todo lo que en él podía arder para las lumbres y poder hacer las comidas y calentarse. El golpe definitivo que recibieron sus centenarias y olvidadas piedras (por parte de todos) les fue asestado en el verano de 1977 cuando un sacerdote solicitó a sus superiores poder hacer uso de ellas para reutilizar y emplearlas en la ermita del Pagés. La manera más rápida para hacerse con ellas fue el empleo de explosivos que dieron al traste con lo que quedaba de su espadaña esquinada y casi toda la techumbre de la iglesia.
Los más viejos del lugar aún recuerdan la traída de la Virgen en romería cada último domingo de abril hasta la iglesia de San Pablo para permanecer allí todo el mes de mayo, el mes de María. El primer domingo de junio, nuevamente en romería, era devuelta por devotos y cofrades de nuevo a su santuario. Esta imagen sagrada, como tantas otras, sufrió los avatares de la guerra civil, quedando sólo para el recuerdo la cabeza de la Virgen que fue restaurada por el imaginero local Ramón Cuadra Moreno e instalada en la pequeña ermita de nueva construcción inaugurada el 6 de diciembre de 1988 por el obispo de Jaén don Santiago García Aracil.   
Para terminar, reiterar nuestra felicitación a la empresa que ya ha comenzado estas obras de restauración con la intención de ubicar, en lo que también fue una antigua hospedería, un nuevo enclave hotelero y hostelero, sumando así otra pieza más para nuestro patrimonio que ha dejado de estar en la lista roja. Y nos viene como anillo al dedo este escrito para reivindicar, a quien competa, la pronta restauración de la ermita de San Bartolomé, antes de que las piedras de sus muros se den de bruces en el suelo.

* Datos extraídos de la Historia de Úbeda, de Miguel Ruiz Prieto y de la Historia de Úbeda en su Documentos, de Ginés Torres Navarrete.

Foto Talavera

Foto Baras

jueves, 4 de abril de 2019

LOS CANTEROS DEL GRANITO


Valga este artículo, dedicado a Juan Yerpes, como homenaje a todos aquellos canteros que trabajaron en Úbeda esta piedra tan poco común en nuestras construcciones y sin embargo tuvo su protagonismo en una industria muy nuestra. Dichos canteros, que no picapedreros, dejaron su vida y nos dejaron sus obras labrando las piedras para los tradicionales almazaras o molinos de aceite, las cuales ya forman parte de nuestra historia y algunas sirven ahora como piezas de museo y ornato.
Juan Yerpes López nació en Úbeda el año 1904. Desde muy joven entró como aprendiz a las órdenes de Fernando, un maestro de cantería. En aquellos años estuvo trabajando en la construcción del colegio y la iglesia de los Jesuitas (SAFA) donde conoció a quienes años más tarde serían sus socios. Pero su mayor reconocimiento vino en los años 40 cuando hizo sociedad con Juan Vera y Francisco Ruiz “el Gordo” para fabricar las piedras de granito de los molinos aceiteros, tanto las de la solera como los rulos.
De una cantera de granito que había entre Arquillos y Vilches, cuyos terrenos eran propiedad del prestigioso doctor Carlos Jiménez Díaz que residía en Madrid y al que le pagaban una renta por la explotación, extraían su materia prima e in situ la trabajaban. Hasta allí se desplazaban los tres socios cuando entraba la primavera permaneciendo en el tajo durante seis meses hasta la llegada el mal tiempo. Los bloques pétreos los extirpaban de la roca con el empleo de barrenos y cuñas de hierro. Después de pasar de sol a sol dando forma a las piedras con picos, cinceles y martillos, pasaban la noche durmiendo en una caseta de peones camineros. Cuando se les acababan las provisiones y necesitaban reponerlas y coger ropa limpia, se trasladaban a Úbeda haciéndose acompañar de una bestia que tenían. La demanda de sus trabajos la hacían las dos fábricas ubetenses que estaban en plena producción, las fundiciones de Fuentes Cardona y Palacín, y éstas las distribuían por toda Andalucía y La Mancha. En los meses que permanecían en Úbeda, se dedicaban a restaurar las piedras de todos los molinos aceiteros que habían instalado las fundiciones y Juan Vera también buscaba hueco para trabajar con los hermanos Olivares. Durante algunas campañas tuvieron como ayudantes extras a algunos sobrinos de Juan Yerpes como Juan Pedro, Pablo y otro procedente de Torreperogil llamado Alonso al que conocían por “el Moro”.
Aparte de esta ocupación, a la que dedicaron casi toda su vida, también tuvieron ocasión de realizar algún trabajo más artístico, como el basamento del monumento a San Juan de la Cruz, intervenciones en las obras de la iglesia de San Miguel, las peanas de los leones en la delantera del Ayuntamiento y una fuente que hay en el Paso de Despeñaperros por la antigua carretera. Para estos trabajos montaron su taller en la desacralizada iglesia de San Lorenzo. La sociedad se fue resquebrajando cuando falleció Juan Vera en 1972 a la edad de 60 años y poco después también murió Francisco. Juan Yerpes no tuvo más remedio que seguir trabajando -por eso de las no cotizaciones- hasta los 70 años. Falleció en 1993.
Juan y su familia, fueron los primeros caseros de la cooperativa La Unión conocido anteriormente por el “Molinillo” que dio nombre a la calle hasta 1958 en que pasó a llamarse calle Córdoba, siendo este mismo lugar la sede fiscal y administrativa de la cooperativa La Unión de Úbeda  hasta hace poco tiempo. En él permanecieron desde 1931 hasta 1956. Por tal motivo y durante esos años, las campañas de recolección de la aceituna las pasaba trabajando allí.