lunes, 23 de marzo de 2020

"EL CORONAVIRUS" LA NUEVA APOCALÍPSIS

Esta imagen, obtenida de Internet, es de hace 100 años
¡Quién lo diría!

Bien es cierto que en el último siglo se han producido en España varias crisis sanitarias, epidemias,  pandemias y de todo tipo que recordaremos, como el Aceite de Colza desnaturalizado, El SIDA, la Gripe A (Aviar), la de las Vacas Locas, La Lengua Azul, la Fiebre Porcina, El Ébola y la última, Listeria, producida por carne mechada. Todas ellas trastocaron en su día -en mayor o menor medida-  el transcurrir de la vida cotidiana y como resultado más drástico se llevaron por delante muchas vidas humanas, incluidas las de miles de animales si era el caso.
En estas crisis catastróficas que padeció el ser humano a lo largo de su memoria “más reciente”, no debemos olvidar la que tuvo lugar entre los siglos XIV y XVI, como fue la pandemia más devastadora de la historia llamada y conocida como la Peste Negra o Muerte Negra, que esquilmó a la población mundial tanto, que se cree que desapareció un tercio de la misma. A pesar de no estar confirmado, todo apunta a que irrumpió primeramente en Asia para después trasladarse por el estrecho de Mesina a Europa.   
Sin embargo, la pandemia más reciente, tuvo lugar hace un siglo aproximadamente, entre los años 1918 y 1920, que causó en la población mundial entre 40 y 60 millones de fallecidos; aunque hay algunos estudios que afirman que esa cifra llegó a duplicarse, máxime cuando -a veces- no se sabía si la muerte había sido como consecuencia de la enfermedad o de la guerra. En nuestro país se contabilizaron 260.000 muertes. Aquella dantesca pandemia se conoció y pasó a la historia como La Gripe Española, y no porque se originase en nuestro país, sino porque al haber muchas naciones inmersas en la Gran Guerra (1º Guerra Mundial) no se hicieron mucho eco de ella por no ser la noticia principal y porque no interesaba que el enemigo supiese qué daño estaba causando en la población y más aún, las bajas ocasionadas en las tropas de los ejércitos. Por tal motivo, se conoció como Gripe Española, dado que aquí sí se pudieron dar a conocer todos los datos sin censuras. Los biólogos y epidemiólogos no llegaron a asegurar con certeza en qué lugar se originó este virus conocido como H1N1 dado que unos apuntaban a Estados Unidos y otros a los países asiáticos.
En los últimos meses, el ser humano se enfrenta nuevamente a una nueva pandemia conocida ya por todos como El Coronavirus y que se trata de una gripe muy contagiosa provocada por un virus desconocido al que se ha registrado como COVID-19. No sabemos durante cuánto tiempo estaremos inmersos en esta situación de alerta, pero si miramos (ahora que tenemos mucho tiempo) la hemeroteca y los canales que hay a nuestro alcance vía Internet, comprobaremos que estas situaciones tan complicadas no desaparecen de una semana para otra ni de un mes para otro. Es probable que tengamos que convivir con este Covid mucho más tiempo y que cuando lo creamos superado dé un cambio inesperado y nos ponga de nuevo contra las cuerdas. Porque, como en situaciones similares anteriores, no sólo afecta a los más vulnerables, que sí, pero que también ataca a los jóvenes. Por ello, todos tenemos que poner de nuestra parte y tener sentido común, tomándonos la situación en serio, pero debemos hacerlo sin que nos cause trauma alguno. Es evidente que las circunstancias actuales no son comparables con las de hace uno o varios siglos, dado que hoy tenemos muchos más medios a nuestro alcance y los resultados al final no serán tan drásticos. 
Yo he vuelto hace poco del extranjero y he comprobado la estampa apocalíptica que esta situación está provocando y que la mayoría de nosotros jamás habíamos vivido. He comprobado in situ la psicosis que crean estas emergencias reflejadas en los supermercados belgas, donde los clientes dejaban las estanterías vacías de papel higiénico (incomprensible), harina, alcohol sanitario, huevos y pastas. He visto la imagen tan desoladora que ofrecen los aeropuertos de Bruselas y Málaga con todos sus establecimientos cerrados y los escasos viajeros enmascarados y enguantados sin mediar palabras y guardando una distancia de seguridad entre todos. He volado en un avión con capacidad de 180 pasajeros, en el que sólo veníamos una veintena y todos mirándonos con recelo y muy atentos para esquivar quién tosía. He comprobado, volviendo en coche desde Málaga, que la inmensa mayoría de vehículos que circulaban por la autovía eran camiones o vehículos de transportes.         
Haciendo este escrito he pensado que estos episodios son naturales y posiblemente necesarios aunque no sean del agrado de nadie. La raza humana como tal no tiene depredadores propios en la naturaleza, aparte de las enfermedades (e incluso de él mismo). Por ello, insisto, que formamos parte de un ecosistema que, de vez en cuando, hace un descaste natural paradójicamente comandado por unos seres tan minúsculos como eficaces que ponen en jaque a la población mundial, sin mirar razas, credos ni estatus sociales.
Desde aquí, quiero sumarme a los aplausos que cada tarde-noche se dedican al colectivo de sanitarios que trabajan denodadamente para que esta situación salga adelante, sin olvidar a otros como los transportistas, repartidores, empleados de supermercados, tiendas de alimentación, responsables del orden y la seguridad, cuidadores y a muchos más. Y por descontado, a todos los empresarios, pequeños y medianos, que se han visto obligados a echar el cierre a sus negocios con la incertidumbre de no saber si algún día volverán a abrir sus puertas. Un aplauso para todos ellos. Saldremos de ésta, con mucho esfuerzo y solidaridad, pero saldremos. 

Juan Antonio Soria Arias 


miércoles, 11 de marzo de 2020

MIS RECUERDOS DEL MES DE MARZO

Repartidor de pan del horno de los Pozas

Por JASA

Mi madre, primeriza, me parió en este hermoso mes donde tiene su comienzo la primavera, aunque ese año el invierno no se iba. Y nací en esta calle rozando las ocho de la mañana, cuando sonaba la sirena en la fundición para que los obreros comenzaran su jornada de trabajo. Pero fui algo impuntual en mi llegada a este mundo, no por mi culpa, sino porque la comadrona, Rafaela, estaba asistiendo a otro parto.

LOS HORNOS

Muy cerca de nuestro entorno había cuatro hornos de pan. El de “Pacote”, que luego pasaría a Pedro Lindes, era el que estaba algo más distante en la calle San Marcos. En mitad de la calle González se encontraba el que tenían Cándido y Azorit; precisamente éste último, cuando desapareció su panadería a comienzos de esta década, tuvo una taberna arrendada en lo alto de la calle Chirinos. El horno más cercano se encontraba haciendo esquina con el final de la calle Chirinos y el Altozano al que conocíamos como el de “Carcunda”. Los recuerdos de éste son más lejanos pero sí veo en mi mente a la hija de aquella familia que nos despachaba el pan y las tortas tras una ventanilla de madera. Cuando desapareció el de Ramón Bussión “Carcunda”, toda la vecindad se volcó con el horno de Antoñillo que arrancó también en la calle González y en 1963 se trasladó a la calle Fuente de las Risas, junto a la fuente pública. Al fallecer Antonio en 1966, tomó las riendas su viuda y comenzamos a reconocerlo como el horno de Anita.
En estos tiempos no había tanta variedad de panes como en la actualidad. Entonces, las presentaciones más frecuentes, se contaban con los dedos de la mano: la mollaza, la rosca, el bollo, el “facal” y el pan de picos que era el más común, y como algo especial fabricaban: las tortas de azúcar o de manteca, los ochíos, los bollos de pan de aceite y los violines, antecesores de los piquitos.
Del horno de Anita guardo recuerdos nostálgicos y muy gratificantes. Sobre todo era en las vísperas de Semana Santa cuando dichos obradores tenían una demanda de trabajo extra, porque los clientes podían hacerse in situ sus elaboraciones y acto seguido introducirlas en el horno. Después de que los dueños cocieran todo lo necesario para su venta particular, daban la posibilidad a los parroquianos para que allí hiciesen sus madalenas, el pan de aceite y los hornazos, previo pago de una pequeña cantidad, bien en especie o en metálico. Aquel jarrucheo me encantaba, principalmente cuando vertíamos la masa caldosa de las madalenas en sus moldes blancos de papel rizado. Algunos o algunas, empleaban la picaresca a la hora de retirar los hornazos una vez cocidos y se llevaban los más grandes. Para evitar el posterior enfrentamiento, las mujeres previsoras los marcaban haciéndoles una señal o marca a los huevos, incluso poniéndoles su nombre con lápiz. No siempre, pero en algún momento de estas elaboraciones y para aprovechar la pringue de las orzas de la conserva, ésta la empleaban como aceite para hacer tortas o bollillos que sabían de otra manera y tenían un color rojizo, aunque no eran los más populares. Ni que decir tiene que el asado de los pimientos rojos en la tahona era todo un manjar, y no digamos cuando llevaban nuestros padres las cabezas de corderos al horno, siendo su degustación toda una fiesta. La harina también se tostaba para los bebés y con ella se hacían las primeras sopas. Aparte de las vísperas de Semana Santa, los hornos tenían un importante trasiego en los previos a las Pascuas para hacer algunas especialidades.  
Recuerdo otro obrador al que iba con mi padre para llevar haces de leña seca que empleaban para encender el horno. No le pagaban en dinero, sino con vales de pan que consumiríamos cuando era necesario. Éste se encontraba en un lugar de trazado muy tortuoso porque, para acceder a él, había que ir por unos callejones y la carga con los haces de la leña sobre la mula casi rozaba la fachada de algunas casas. Se trataba del horno de la familia Ruiz “Perchera” en el barrio de San Lorenzo, cuya entrada principal estaba por la calle Ventaja pero la descarga de palos y leña se efectuaba por los corrales que daban a la calle Los Redondos.

Texto extraído del libro en imprenta 12 MESES DE MI INFANCIA. "Úbeda en los años 60, desde la calle Fuente de las Risas".  

miércoles, 4 de marzo de 2020

EL PALACIO DEL OBISPO CANASTERO

Fachada del Palacio del Obispo Canastero

En el nº 204 de la Revista Gavellar y en el número 122 de la Revista Ibiut, nuestro caballero Heráldico publicó unos extensos y documentados trabajos sobre quién fue el fundador del Palacio del Obispo Canastero y el porqué de los dos bellos relieves que se exhiben en la fachada.
El relieve de la izquierda representa el sello de la iglesia de Santa María de Úbeda y es idéntico al de la catedral de Jaén, por concesión que hizo a nuestra iglesia mayor el obispo don Alonso Suárez de la Fuente del Sauce en 1508. En él, se ve el templo de aquella ciudad resaltado de la imagen de Nuestra Señora de la Asunción que fue la advocación a la que sometieron ambas iglesias. La imagen, como el edificio, se halla sobre un dragón y debajo de todo se encuentra la muralla de la ciudad de Jaén.
El otro relieve representa a San Julián, patrón y obispo de Cuenca, del cual daremos una breve biografía. Nació en Burgos el año 1123, en el seno de una familia acomodada. Se dice que en su bautismo se apareció un ángel que, portando una mitra y un báculo, decía: “Julián a de llamarse”. Muy joven ingresó en la Universidad de Palencia, donde se doctoró en Sagrada Teología y en 1195 fue nombrado segundo obispo de Cuenca. Si nos fijamos en los elementos del relieve, apreciaremos al obispo con dos canastas a sus pies y otra confeccionándola en su falda; encima hallamos un cáliz que simboliza el escudo de la ciudad de Cuenca, la estrella representa la festividad de la epifanía que fue el día en que esta ciudad fue conquistada por el rey Alfonso VIII en 1177. El ángel con báculo, mitra y cartela, representa al que se apareció el día de su bautismo diciendo “Julián ha de llamarse”.
Refiriéndonos al escudo, nuestro caballero Heráldico nos amplia: Está soportado por dos guerreros y el mismo está timbrado con un manto sostenido por las manos y la argolla que pende del cuello de un esclavo, lo cual forma el conjunto más bello de todos los escudo de la ciudad.
Para acabar este estudio lo haremos haciendo una descripción de cómo la figura del santo fue decapitada. Al iniciarse la guerra civil de 1936, los edificios religiosos y algunos palacios fueron utilizados como cárceles, almacenes, garajes u oficinas. Al convento de los Padres Carmelitas se destinó para sede del Sindicato de la CNT. Un día del mes de septiembre, un grupo de milicianos armados salió de estas dependencias en busca de Millán López Ruiz, conocido por el apodo “Polizón”. Le esperaron en el torreón de la Puerta de Losal, y cuando apareció junto a un tal Lindes, le echaron el alto, pero éste en vez de pararse emprendió la huida calle arriba, entonces aquéllos le dispararon hiriéndole levemente, por lo que él siguió hasta refugiarse en este palacio, propiedad entonces de don Lázaro del Moral. Allí se escondió en la cama del propietario. Los perseguidores, siguieron el rastro de sangre y viendo que se encontraba dentro de aquella vivienda, se apostaron en los balcones y ventanas de enfrente. Escalaron los tejados de las casas vecinas y voceando, le instaron a que se entregara. Al verse perdido, salió a la calle y puño en alto, emprendió de nuevo la huida al grito de “Compañeros, libertad”, pero su fuga fue atajada al dispararle sus perseguidores a la cabeza, haciéndole saltar la masa encefálica que se estampó en la encalada fachada de la casa de al lado, propiedad de Manuel Ruiz Salido “Pancharra”. Fue durante esta refriega cuando otro miliciano disparó a la cabeza de Obispo Canastero, la cual cayó al suelo, siendo por varios días juguete de los niños de la calle.


viernes, 7 de febrero de 2020

MIS RECUERDOS DEL MES DE FEBRERO

Tortas de Candelaria (Foto JASA)

Por JASA

Bajo nuestra percepción infantil, este era un mes extraño porque traía menos días que los demás. Estaba algo cansado del crudo invierno y de su climatología tan variable. Para los chiquillos y para mí, no tenía ningún atractivo y lo peor es que tampoco tenía ninguna fiesta en medio. En el campo ya se estaba acabando la recolección de la aceituna y comenzaba la corta. La oscuridad de la noche aún ganaba a la luz del día.

LAS TORTAS DE CANDELARIA

Durante la primera semana de este mes y debido a la festividad de La Candelaria del día 2 de febrero, las panaderías hacían unas tortas especiales de pan de aceite que a los niños nos gustaban mucho, aparte de su sabor también por su forma, ya que tenían un asa; eran las Tortas de Candelaria. Como he dicho, a los anjalicos nos encantaba comerlas para las meriendas acompañadas siempre de una onza de chocolate terroso de la Virgen de la Cabeza. Esta es una tradición que se pierde en el tiempo, aunque todavía se fabrican en algunas panaderías para dicha fecha.

LA LLEGADA DEL PETRÓLEO

En los primeros años de esta década llegó el petróleo a mi casa y posiblemente a muchos hogares más. Muchos mayores ni sabían pronunciarlo bien y decían pretóleo.  Y llegó como combustible revolucionario para desbancar a la leña y los palos, puesto que era más limpio y más rápido de prender. Muy pronto el fogón lo blanqueó mi madre y en ese mismo lugar puso una hornilla alimentada por este combustible líquido. Todo un adelanto para la época que se traducía en menor tiempo para hacer las comidas y menor ennegrecimiento de las paredes de la habitación. Recuerdo ser yo el porteador de las latas de dos o cinco litros de petróleo que me rellenaban en un despacho que había muy próximo a la estación del tranvía, y cuando este despacho desapareció, nuestro lugar de abastecimiento estaba en la Droguería Central más conocida por Casa Elvira. Varios años nos acompañó esta hornilla o infernillo, que con el paso del tiempo se convirtió en un aparato algo engorroso, hasta que fue desplazado por la cocina de gas butano a finales de los 60. 

RETAZOS DE CARNAVAL

El Carnaval tuvo en otro tiempo una gran relevancia en Úbeda, pero en los años 60 estaba atravesando su fase más agónica por la prohibición dictatorial. Mis recuerdos sobre esta fiesta y en estos años de niñez, siempre me llevan a un personaje; un hombre que se llamaba Juan Rodríguez Martínez conocido como Juan “el Pecero”. Aunque vivía en la calle González, su cuñado tenía casa en la calle Fuente de las Risas, y entre una y otra vivienda hacía sus paseos ya de mayor. Era un hombre del campo pero su profesión estaba en la albañilería; precisamente cuando se encontraba en la construcción del colegio de los Jesuitas, tuvo un accidente quedándole como secuela una cojera de por vida y, a pesar de ello, tenía muy buena pata durante todo el año, pero era en el mes de febrero cuando más agudizaba su ingenio disfrazándose de máscara para solaz recreo de la vecindad. De él guardo mis primeros recuerdos de Carnaval.

Juan Rodríguez "El Pecero"
(Foto Baras)

viernes, 31 de enero de 2020

LA VENTA DE PAULA Y SU ENTORNO

La venta de Paula. (Foto J.G. Barranco)

Aún queda en pie el edificio que en su día fue la Venta de Paula que estaba –y está- ubicada en el camino real de Valencia. Antes de ella, según el historiador Ginés Torres Navarrete, se alzaba en este mismo lugar la Ermita de la Virgen de Gracia. Por tanto esta nueva edificación se construyó en el mismo terreno que antaño ocupaba la ermita, siendo las centenarias y venerables piedras de su fábrica las que se aprovecharon para levantar dicha venta.
Hoy ya forma parte del recuerdo, pero hasta hace algo más de medio siglo, tanto la venta como su entorno, tuvieron mucha vida y era un enclave muy transitado. Hagamos, pues, un viaje por las inmediaciones. Empezando por el Despeñadero, diremos que este lugar tiene un abundante venero de agua en el que su dueño instaló, en aquellos tiempos en los que no había red de abastecimiento de agua en las casas, un lavadero público donde muchas mujeres bajaban con sus ropas para lavarlas y por dicho servicio pagaban una pequeña cantidad de dinero. A partir de aquí el desnivel del terreno es muy pronunciado, porque desde este punto hasta la Alberquilla, todo eran canteras de piedra que se empleaban para la construcción de nuestros edificios, y en el terreno de abajo que quedó libre, se convirtieron en ricas y productivas huertas. Ahí tenemos por ejemplo la Huerta del Despeñadero que fue propia del Hospital de Santiago hasta la desamortización de Mendizábal. Junto a ella había otra que perteneció al Marqués del Donadío.

Por debajo de estos hortales pasa el camino que va para la Ermita de Madre de Dios del Campo. Este camino –precisamente- se bifurca en la venta de Paula para ir a Sabiote y también en este lugar se juntaba el Camino de la Fuente de la Salud que arrancaba desde el Cristo del Gallo, pasaba por lo que ahora son las calles Olivo, San Ramón y por la desaparecida Fuente de la Salud, que estuvo en lo alto de la calle Juan XXIII y terminaba en la pontanilla del Arrollo de la Alameda. Añadir por último que en ese desnivel se hallaba un abrigo de pastores; también en su día sirvió como refugio para los que custodiaban los campos y que posteriormente llegó a conocerse como la Cueva de la Curra, nombre popular que le vino de una mujer desgraciada que vivía pésimamente de su cuerpo. La cueva quedó ocultada no hace muchos años con los vertidos que se arrojaban desde la fábrica de baldosas y piedra que hay junto a la fábrica Liderfil.

El entorno de la venta. (Foto J.G. Barranco)

Descripción de la foto 2.- (1) Camino de la Fuente de la Salud, (2) Cueva de la Curra, (3) Camino de Madre de Dios, (4) Camino de Sabiote, (5) Venta de Paula, (6) Camino de la Alameda y (7) Arroyo de la Alameda.

viernes, 17 de enero de 2020

LAS CABAÑUELAS 2020 ANUNCIAN MUCHA AGUA INCLUSO EN SEMANA SANTA


Las cabañuelas -según "El Piti"- pintan muy bien para el campo y los pantanos, porque anuncian abundantes lluviaa en los cuatro primeros meses del año. Esperemos que así sea. Más crudo parece estar para las procesiones de Semana Santa. Ojalá se equivoque nuestro amigo y no sea tan dramático como lo pinta.  

lunes, 13 de enero de 2020

HOY HA FALLECIDO JOAQUÍN LÓPEZ SÁEZ "EL POLLO", DECANO DE LOS FOTÓGRAFOS UBETENSES

JASA en la última visita que hizo a Joaquín en su domicilio


Hoy, a los 96 años de edad, nos ha dejado el fotógrafo decano de Úbeda, Joaquín. Desde aquí le damos las condolencias a su familia y muy especialmente quien esto firma. 
Como sencillo homenaje a su persona a su labor en el mundillo de la fotografía local, vamos reproducir la biografía que aparece publicada en el libro TESTIGOS DE LA HISTORIA de JASA.

                                  Joaquín López Sáez, nace en Úbeda el 11 de enero de 1924.

Los estudios primarios los realizó en el colegio de don Cristóbal Cantero, en la plaza del Carmen. Al desencadenarse la guerra se suspenden las clases y él entra en la farmacia del doctor Pérez Jiménez en el Rastro y allí ayuda a la dispensación, tanto de medicinas como productos de droguería.

Su primer contacto con el mundo de la fotografía lo tuvo a los 15 años, dado que en diciembre de 1939 entró como aprendiz en el estudio que Juan Baras tenía en la calle Real. Ayudaba en las tareas propias de esta profesión, tanto dentro del propio estudio como cuando había que hacer trabajos en la calle, como bodas, comuniones o reportajes industriales. Al cabo de dos años, su jefe y maestro, le encomienda el primer reportaje de boda, una prueba de fuego que superó con éxito sirviéndose de una cámara KODAK de la época (sin fotómetro, ni telémetro) y con el flash de magnesio; éste sería su bautismo como fotógrafo, sin embargo, la confirmación la obtendría con un reportaje en el Santuario de la Virgen de la Cabeza. Dichas fotografías quedaron expuestas por un tiempo en sus vitrinas y Ventura, un profesional ya consolidado, vaticinó que allí había madera de artista. Fue desde entonces cuando recibió la confianza plena de Juan Baras Torres por lo que percibiría –aparte de su sueldo- un tanto por ciento más.

Un día de 1949, y de la noche a la mañana, su jefe dejó el estudio para marcharse a Venezuela, recayendo sobre él toda la responsabilidad del negocio, auxiliado por un joven que había entrado como nuevo aprendiz que se llamaba Gabriel Quesada “Chafallo”. Mari, la hermana de Juan, es quien se puso oficialmente al frente del estudio sin tener conocimientos previos de este oficio, sólo tenía la capacidad innata heredada de su padre. Joaquín es quien da las primeras nociones de fotografía a la nueva jefa. Ambos, junto al joven Gabriel, sacaron el negocio adelante. 

Pasados unos años y llegado el mes de febrero de 1952, Joaquín decidió establecerse por su cuenta en un local que había quedado libre en la misma calle y frente al teatro Ideal Cinema. Durante un mes, el fotógrafo Ventura que estaba residiendo en Madrid, lo acogió en su domicilio mientras que él adquiría todo el material necesario para montar su propio estudio. Allí, en la calle Real, acogería como ayudante a su hermano menor llamado Paco.

En el año 1954, Joaquín decide abrir mercado en localidades colindantes siendo la vecina villa de Jódar en la que abriera su segunda galería, dado que esta localidad en esos años no había aposentado ningún estudio estable. Y así fue, en la plaza del Generalísimo nº 13 (hoy plaza de España) abrió el nuevo establecimiento.  

Ocho años permaneció aposentado en la calle Real con el nombre comercial de LÓPEZ SÁEZ, aunque luego lo cambiaría por JOAQUÍN, a pesar de todo, el vulgo le seguía reconociendo por su apodo familiar “El Pollo”. En 1960 se trasladó en alquiler al número 21 de la calle Nueva (Obispo Cobos); en sus bajos instalaría el estudio de fotografía y en la planta alta su vivienda familiar. Dos años más tarde contrajo matrimonio y el negocio de Jódar se lo cedió a su hermano Paco que se quedó allí a vivir.

Fueron catorce años los que mantuvo abierta la galería de la calle Nueva, ya que en 1974 entró como jefe de tráfico en la estación de autobuses ubetense y desde entonces dejó de ejercer “oficialmente” como fotógrafo; aunque sus reportajes y algunos trabajos se mantuvieron activos por mucho más tiempo.
           
Joaquín fue –durante varios años- corresponsal gráfico y literario del periódico IDEAL de Granada. Las imágenes obtenidas con su cámara de 16 milímetros, recogieron las noticias que se daban en la zona como corresponsal de TVE durante doce años. La alternativa en este mundo de la imagen la recibe el mismo día en que la tomó el torero local Carnicerito de Úbeda (10-03-1968). Sus instantáneas fueron portadas en tres ocasiones del periódico sensacionalista EL CASO. Llegó a ser el presidente local del Sindicato del Papel y Artes Gráficas donde estaban acogidos los fotógrafos de su época; poco después sería nombrado vocal provincial y más tarde ostentaría la presidencia provincial del Sindicato de Fotógrafos y vicepresidente del de Papel y Artes Gráficas, convirtiéndose en vocal a nivel nacional. Poseía el carné de Periodista Gráfico. Fue miembro fundador de la AFU y presidente de la misma durante unos años.

Durante su etapa como fotógrafo cosechó bastantes reconocimientos, como los que le concedió la agencia EUROPA PRESS. También ha conseguido que sus instantáneas sean el cartel oficial de la Semana Santa en tres ocasiones, más otras dos compartidas con FOTO MADRID.

Su vida profesional está jalonada de numerosas anécdotas, aunque sin lugar a dudas la que más se recordará en nuestra ciudad será la ocurrida aquel Domingo de Ramos de 1954 cuando, a la salida del “Borriquillo”, él quería hacer una instantánea del Paso con unas bellas nubes de fondo y en ese momento, por un fallo en ruedas o frenos, el trono lo presionó contra la pared de la rampa de la iglesia de la Trinidad, dejando permanente huella en su rostro y en los dedos de su mano derecha. El vulgo, ingenioso él, acuñó una frase jocosa que perduró durante mucho tiempo y decía así: ¡El “borrico” ha pillado al “pollo”!, su sobrenombre familiar.  

JASA

Nota.- Cuando he ido a dar el pésame a la familia, me he enterado que su hermano Paco había fallecido el pasado verano. Descansen en paz ambos.  

Paco López Sáez y JASA