domingo, 15 de septiembre de 2019

MIS RECUERDOS DEL MES DE SEPTIEMBRE

Teatro Chino de Manolita Chen

LA FERIA EN LA ESTACIÓN

Por JASA

Detrás de la Colonia del Carmen montaban el circo Arriola pero a él nunca me llevaron mis padres; me conformaban con ver por detrás las jaulas de las fieras… 
y comprobar el pestazo que desprendían.

La celebración oficial de la festividad San Miguel en la feria de los años 60 se limitaba a una misa en Los Frailes y así se ha mantenido durante muchos años hasta la aparición del grupo parroquial que en su día impulsó Eduardo Jiménez Torres “Zorrica” y que saca en procesión al patrón desde el año 2001. La feria, durante la década que estoy recordando, tuvo su enclave en lo que iba a ser en su día la nueva estación del tranvía, aunque por avatares del destino quedó siendo la estación de autobuses y en la actualidad aún continúa así. Dentro de la edificación y a mediados de los 60 (1966-1967) se montó un parque y rio artificial con ciervos incluidos a iniciativas de la Compañía Sevillana de Electricidad en colaboración con la Jefatura Provincial de Montes, dando vida a la Feria de la Electricidad. Aquello fue un atractivo que recuerdan todos los que lo vivieron. Bajo el mismo techo se ubicaba la caseta municipal. En 1960, y esto no lo viví pero me lo han contado, en los bailes de esta caseta popular, cada día se elegía a la “Guapa” de un barrio y curiosamente uno de esos días le tocó a la representante del “Barrio de la Fuente de las Risas” ¡Qué categoría! A su alrededor se montaban las demás casetas, los carruseles y el teatro Chino de Manolita Chen, que llamaba nuestra atención pero sin saber qué espectáculo se ofrecía en su interior. Aparte de los perdurables coches de choque, estaban las Cunicas de Sánchez, las Olas de Vico, las Volaoras, los Aviones-torpedo, la Barca, el Látigo, el Baby Maribel, Baby Gaitán, etc.,… Había otras atracciones como la Casa de los Espejos, La Petite Terín, La Mujer serpiente y las tómbolas como la de Cristóbal con su regalo de ¡Balón, balón, balón y balón! o la de Las Muñecas con su premio especial de ¡Una Muñequita andadora! En el entorno, se ubicaban los bares, churrerías y varios puestos, algunos exponiendo una novedosa golosina como era la manzana envuelta en caramelo rojo y en algún rincón o esquina, un hombre o mujer vendiendo berenjenas de Almagro que tenía dentro de una orza. Y otros tenderetes que vendían marisco con montones de camarones, cangrejos y gambas muy rojizas, sobre hules de plástico blanco. Frente a la estación se instalaban otras casetas de baile, como la del Club Diana e incluso de la Cruz Roja, porque la del Club 61 la ponían en el edificio de Falange. Detrás de la Colonia del Carmen (antes de convertirse en la calle Granada) montaban el circo Arriola pero a él nunca me llevaron mis padres; nos conformábamos con ver por detrás las jaulas de las fieras y comprobar el pestazo que desprendían. En esta década se impulsaron varias actividades que ya han desaparecido, como el Concurso de Hípica en el Campo General Nogueras Márquez, desde 1967; las carreras pedestres, las carreras ciclistas y también unas curiosas carreras de camareros. Las tiradas de Pichón y Plato, las representaciones teatrales y sobre todo las corridas de toros, tenían su cita anual en estas fechas, despuntando por este tiempo nuestro torero más destacado, Antonio Millán Díaz “Carnicerito de Úbeda”. La feria de ganado estaba por entonces ubicada en la calle San Marcos e inmediaciones y pocos años después la trasladaron a la parte norte, junto a la carretera de Circunvalación y calle Carolina. Ponía el broche final la Gran Traca que, junto al Castillo de fuegos artificiales del día de San Miguel, eran los dos espectáculos pirotécnicos que en aquellos años se hacían.

Extraído del libro en preparación 12 MESES DE MI INFANCIA “Úbeda en los años 60, desde la calle Fuente de las Risas”

sábado, 31 de agosto de 2019

LA PLAZA DE LOS OLLEROS (I)


Plaza de los Olleros en los años 80.

Este enclave fue otrora el epicentro de la industria del barro

No crea el lector que la apacible y coqueta plaza de los Olleros que ahora contemplamos fue siempre así de recoleta y tranquila. Esta plaza desde tiempo inmemorial y hasta la década de 1940, tenía un aspecto muy diferente debido a que era el epicentro de toda la industria artesanal que había en su entorno, sobre todo por la gran cantidad de talleres de alfarería de varios; unos se dedicaban a fabricar el vidriado para útiles del hogar, como pucheros, ollas, platos, lebrillos, cazuelas, jarras, bacines y otras piezas menos usuales. Luego estaban otros obradores del barro que se dedicaban a realizar piezas de más envergadura, como cántaros, orzas y tinajas. También había otros de alfares a los que llamaban tejares que se dedicaban a la confección de piezas para la albañilería, como los atanores, varios tipos de tejas, baldosas y ladrillos. A todos estos alfares venían multitud de arrieros foráneos para hacer sus cargas y transportarlos a infinidad de pueblos para venderlos. Todo este ajetreo tenía su centro neurálgico en dicha plaza, en la que se formaba una estampa pintoresca con centenares de personas, decenas de carruajes y sus correspondientes caballerías. Por esa cantidad de movimiento, se establecieron en la plaza dos posadas para albergar a los transeúntes.
Al margen de toda la industria artesanal relacionada con la alfarería y heredada de los musulmanes que se establecieron por esta misma zona, también nos podíamos encontrar varios molinos aceiteros, como el de Gassó, Manuel de la Blanca, el de la Mandrona y el de Bernardino. A estas fábricas de aceite acudían buena parte de los cosecheros de la ciudad para traer su aceituna.
Para completar dicha estampa, había que añadirle una densísima población de condición humilde que vivía hacinada en casi todas las casas. Alrededor de esa numerosa vecindad, se instalaron varios negocios más, como una mercería, varias tiendas de comestibles, un horno de leña de pan cocer, una carpintería y por descontado otras tantas tabernas donde tomaban los vecinos el vino peleón acompañado de unos aperitivos muy diferentes a los de ahora, como los pajarillos fritos, alcarciles, habas verdes, garbanzos torraos, papas cocidas, boquerones y cosas similares. Mientras tanto y en muchas ocasiones, los clientes se jugaban unas partidas a las cartas, entre los que se encontraban aquellos que no tenían trabajo o al menos fijo, como los jornaleros y los campesinos que no podían ir al tajo por culpa de la lluvia.


Rincón de la Plaza de los Olleros en 1993.  


Paco Martínez “Tito”, Paco Garrido
y Juan Martínez “Tito”. 

Manuel López Sarmiento, Francisco Alameda, 
Antonio Moyar “Toni” y sentado Paco López 
Sarmiento, vendiendo en Cazorla. 

martes, 6 de agosto de 2019

ADIÓS A NUESTRO ÚLTIMO "COLMENERO"

Pedro Rodríguez Latorre "Colmenero"
(Foto.- Lorenzo Rodríguez

Rodeado de sus familiares más allegados y revestido con la morada túnica de Jesús, colgando sobre su pecho la medalla de la cofradía y entre sus yertas manos una estampa de la Virgen de los Dolores, emprendía el camino eterno el último de nuestros veteranos "Colmeneros"; sus cuatro hermanos (Diego, Manuel, Lorenzo y Blas) ya le habían precedido en este trance tan justo y necesario como doloroso y nunca deseado. Uno de sus sobrinos, Lorenzo, lo llevaba de vez en cuando a los olivares que pertenecieron a sus antecesores hoy cultivados por las manos de descendientes de su misma saga para comprobar cómo estaban las fincas y cómo se encontraba la próxima cosecha de aceituna. Él fue uno de los que emigraron a provincias más prósperas en aquellos años de mediados del siglo pasado en los que el campo no tenía futuro. Pero sus raíces las tenía en la tierra que le vio nacer, aquella que en su juventud labró con sus manos, a la que nunca dio la espalda y siempre que podía volvía a reencontrarse con los suyos no faltando nunca a la cita de cada madrugada de Viernes Santo con su Jesús, cofradía a la que pertenecen buena parte de sus familiares. Y aquí vino a pasar los años de jubilación (que fueron muchos) y aquí quería ser enterrado, junto a su mujer, Juanita. Carmen, la compañera que le acompañó durante 17 años, fue feliz a su lado y el cariño era recíproco. Ambos, desposeídos de sus parejas por la interposición de la muerte, se hicieron mutua compañía en la última etapa de sus vidas. Ayer dijimos adiós al "tío Pedro", un hombre bueno... ¡Ah! y un ferviente seguidor del Atlético de Madrid. 

Pedro Rodríguez (el 5º por la izquierda) junto a su hermano Blas,
 vistió la túnica de Jesús hasta cumplidos los 80 años de edad.
Foto JASA, abril de 1998. 

Tus sobrinos: Aurora, Lorenzo y JASA

jueves, 1 de agosto de 2019

LOS REFUGIOS ANTIAÉREOS y (II)

Refugio de San Isidoro. Foto.- Lorenzo Rodríguez Alhambra

El 5 de abril de 1938 hallamos que el alcalde había viajado a Valencia (pues no olvidemos que en aquellas fechas el gobierno de la nación se había trasladado a la capital del Turia) y una de las gestiones que hizo, fue la presentación a la Comisión Nacional de la D.E.C.A. los planos y memoria para la construcción de los refugios subterráneos sólidos y capaces, diseñados por el técnico aparejador Eduardo Boluda Leiva. Una vez examinados detenidamente por aquel organismo, salvo pequeñas modificaciones, estos fueron aprobados. Otra de la gestiones, fue la comprar una sirena que una vez instalada en punto estratégico se oyese en un radio de tres o cuatro kilómetros. También dice el periodista que Úbeda, por motivo de los muchos refugiados, había triplicado su población.
El 10 de noviembre de 1938 viene un bando que dice así: “Teniendo esta Junta, necesidad de retirar los escombros existentes en los alrededores de los refugios del Claro Alto y Plaza de Carreteros, por medio del presente, se invita al pueblo en general y especialmente a los ciudadanos que posean caballerías o posean carros, a fin de que por cada ganado que tenga retire de dichos refugios la cantidad de quince cargas, depositándolas en los murallas de los Miradores, operación que deberá de hacerse completamente gratuita, etc., etc.”. Por lo que vemos, el otro refugio proyectado en lo que ahora es la calle Almadén, ni se inició.
El 20 de noviembre de 1938 en el periódico de este día, el D.E.C.A. publica un bando en el que se da a los ciudadanos instrucciones de cómo debían de actuar en caso de bombardeo si no les diera tiempo a marchar de su casa.
El 10 de diciembre de 1938 viene otro comunicado de la D.E.C.A. con cuatro acuerdos. 
1º.- Se recordaba a los propietarios de caballerías y vehículos la obligación que tenían de retirar gratuitamente de la vía pública los escombros procedentes de los refugios tal como tenía dispuesto la Comisión Nacional de Defensa Aérea.
2º.- Acuerdo que decía en síntesis que, haciendo falta para la terminación de los refugios personal laboral que habiendo en las calles numerosos hombres parados, se había dispuesto que las autoridades civiles y militares les obligasen ir a colaborar desinteresadamente para terminar aquellas obras tan necesarias.
3º.- Se avisaba a toda la población civil y militar que de comprobarse que no colaboraban con los guardias de los refugios a la buena conservación de los mismos y se dedicaran a tirar en ellos inmundicias, los utilizaran indebidamente, o inutilizasen el alumbrado u otros enseres de los mismos, sería considerada como persona desafecta a aquella Comisión y a la República y le sería puesta una multa de consideración y puesta a disposición de la autoridad competente.
4º.- Se recordaba a los ciudadanos en general que tuvieran muy en cuenta las instrucciones que debían de seguir en caso de ataque aéreo y además advertía que aunque no sonara la alarma y oyeran algún avión que se pusieran a cubierto y no se pusieran a observarlos bajo la multa o castigo correspondiente.
El 20 de enero de 1939 venía otro bando en el que se recogía lo del anterior y además advertían cómo debían protegerse los ciudadanos de los cristales y qué debía de hacerse de noche con las luces en caso de haber alarma, pues no debía de dejarse ni un rayo de luz que pudiera ser visto por las aeronaves. Advertían que los contraventores tendrían que pagar una multa de 75 pesetas la primera vez, de 200 la segunda y si llegase a la tercera, pagaría 500 y pasaría a disposición de los tribunales competentes. Este bando se repite en todos los números del periódico citado hasta el fin de la guerra.
No sabemos cuánto dinero efectivo se empleó en la construcción de dichos refugios, pues desde que se inició la suscripción hasta que dejan de publicarla el 10 de agosto de 1938, tenían recolectadas 351.188 pesetas, pero tenemos constancia de que el público siguió colaborando casi hasta el final de la guerra. Como se puede apreciar, parece ser que la guerra acabó y el refugio de San Isidoro no les dio tiempo ni a retirar todos los escombros que habían quedado dentro del mismo.
Ventilación del refugio de San Isidoro. Foto LRA.

Sellos-cupones para sufragar la construcción de los refugios

lunes, 1 de julio de 2019

LOS REFUGIOS ANTIAÉREOS (I)


Entrada la refugio de San Nicolás

Este tema nunca había sido tratado por los historiadores locales, por lo tanto todo lo que aquí demos a conocer será inédito para la mayoría de los ubetenses. Se trata de los refugios antiaéreos. Sí, esos abrigos que se construyeron en la guerra civil para guarecerse en caso de bombardeos. Gracias a las noticias vertidas por el semanario Vida Nueva, sabemos cuándo se iniciaron, quién los proyectó, quiénes trabajaron en su construcción y quién los pagó. Desde luego fue un gran derroche de trabajo y dinero invertido en unos refugios que afortunadamente nunca se llegaron a utilizar.
Una de las grandes preocupaciones que tuvo nuestro Ayuntamiento en el periodo de la Guerra Civil, fue dotar a la ciudad de estos locales en donde la población pudiera resguardarse en caso de haber bombardeos y gases. Según el periódico Vida Nueva del 8 de noviembre de 1937, esta responsabilidad le vino al alcalde a partir de la circular que el ministro de la defensa Indalecio Prieto había enviado el 29 de junio de 1937 a los alcaldes ordenándoles la creación de comisiones para que se encargaran de la preparación y realización de dichos refugios. El redactor nos dice que el 6 de noviembre el alcalde Blas Duarte Ortiz convocó una reunión con los técnicos y demás personas, saliendo de esa junta nombrada la comisión que había de encargarse de llevar a efecto lo ordenado. El nombre de la misma fue Defensa Especial Contra Aeronaves, D.E.C.A. También acordaron reunirse cada semana con el alcalde para dar cuenta de las gestiones realizadas y demás asuntos.
El día 22 de noviembre de 1937 el semanario citado nos dice que el lunes día 15, el alcalde se reunió con la D.E.C.A. y entre otros acuerdos tomaron los siguientes:“Abrir una suscripción con el fin de recaudar fondos para la construcción de los refugios. Establecer un impuesto de dos pesetas mensuales para todos los cabezas de familia que figuren en las cartillas de racionamiento. Hacer una emisión especial de sellos para sean adheridos a toda clase de artículos. Oficiar a las entidades de albañiles U.G.T. y C.N.T. para que faciliten relación de los obreros parados, no comprendidos en las movilizaciones decretadas por el Gobierno, para poder crear las brigadas de desescombro. Así mismo acordó en invertir en esta clase de trabajos a los obreros evacuados. Construir tres refugios-sótanos: Uno de ellos en la travesía de la calle Minas a la Explanada (Desconocido y quizás no se construyó); otro en la Plaza de Carreteros y otro en la plaza del Cronista Muro (Claro Bajo). Habilitar nuevos sótanos en los sitios estratégicos para una capacidad de 15.000 personas, además de los 30 ya terminados, que tienen una cabida aproximada de otras 15.000. Con estos sótanos y las defensas antiaéreas que se están instalando, la Comisión confía en que Úbeda quedará perfectamente prevenida, para sufrir el menor número de víctimas, en caso de producirse un bombardeo”. Continúa el periodista diciendo que habían visitado los refugios ya terminados y dice: “…merece destacarse, entre otros muchos, el construido en la Fuente Seca, por su magnífica obra de gran capacidad y resistencia”. Esto nos hace pensar que en este refugio actuaron a marchas forzadas, pues aunque hubiesen empezado cuando se recibió la orden ministerial, sólo habían transcurrido cinco meses escasos, por tanto o allí había de antes alguna cueva u hostigo natural y lo que hicieron fue una intervención de remodelado y seguridad como son los arcos, o dijeron algo que no era cierto. Termina el periodista alabando al técnico aparejador del Ayuntamiento Eduardo Boluda Leiva por su labor y le alienta a seguir. Un maestro de obras de los mismos fue Antonio Deblas Olivares.
El 6 de diciembre de 1937 se nos dice que debido a los enormes gastos que producían la construcción de los refugios, los miembros de la D.E.C.A. trabajaban incansablemente para ver el modo de hallar dinero para ello. Y acordaron abrir una subscripción voluntaria en los siguientes lugares: Alcaldía, Comandancia Militar, Centro de Higiene del Hospital, Inspección de Policía, Comercio “La Verdad” e Industrias Graficas. También dice que a beneficio de la construcción de refugios, se celebró un grandioso concierto musical por veinte profesores de la orquesta de espectáculos públicos, se guidas de las palabras del señor alcalde para continuar con la actuación de la inteligente y culta maestra nacional Guillermina de la Obra Beierle, que dio un recital de poesía de los mejores autores y además cantó algunos fragmentos de zarzuelas. Y como fin de fiesta se proyectó la película “Melodía de Broadway”.
El 15 de marzo de 1938 en este informativo viene un aviso del alcalde como presidente del comité de la D.E.C.A. haciendo saber que la construcción de los necesarios refugios suponía un enorme gasto de jornales y materiales y que ateniéndose a lo que el ministerio ordenó, su coste tenía que ser pagado por cuenta exclusiva de todos los ciudadanos sin distinción de clase ni edad. Decía también que, aunque tenían facultad para gravar los artículos de consumo en lo que hubiesen creído conveniente, el comité había confeccionado pliegos de sellos que entregaba en cada establecimiento y que debían de pagarle en el acto. Y el vendedor tendría que pegar en los productos, que no fueran de primera necesidad, tantos sellos como importara el 25% del producto que pagaría el cliente. El comerciante también tendría que poner un sello en cada carta comercial que enviase y en cuantas operaciones comerciales realizara. Y advertían que “dejamos en entera disposición, no estableciendo por ahora, más control sobre las mismas que el que le dicte su conciencia antifascista y convencidos de su seriedad, pero si en el transcurso de los días viéramos que su labor en beneficio de este altruista fin era hostil a nuestros propósitos, nos veríamos obligados a tomar medidas encaminadas a conseguir, por mandato de la disposición ministerial que reseñamos, la recaudación que en derecho le corresponda”. Por otro lado vemos que, con el mismo fin, el Consejo Municipal acordó entregar a la D.E.C.A. la subvención mensual que tenía asignada para el socorro del hospital y el de calamidades públicas.

Refugio de la calle Fuente Seca (Mesón Gabino)

Símbolo de la DECA

martes, 4 de junio de 2019

EL DÍA DE LA ASCENSIÓN Y LA VIRGEN DE LA SOLEDAD



Se desconoce su origen aunque, como mínimo,

la procesión es centenaria 


La cofradía de la Virgen de la Soledad sabemos que tiene su origen en el año 1554 y en la iglesia del arrabal de San Millán, pero hay muy pocos datos sobre cuándo se saca a esta imagen en procesión el día de la Ascensión. Se dice, que es desde tiempo inmemorial y que la fiesta y procesión fue originada por el numeroso gremio de los alfareros que antes había. Según el historiador Juan Ramón Martínez Elvira, la cofradía de San Cristóbal formada por alfareros, pedía la imagen a la cofradía para sacarla en procesión y entre ambas la procesionaban en uno de esos “tres jueves que brillaban más que el sol”. Debió haber unos años de lapsus, aunque después de la guerra el gremio de los alfareros unidos bajo advocación de las santas Justa y Rufina, volvieron a retomar la procesión y la mantuvieron en vigencia hasta que estuvieron a punto de desaparecer en 1968 y se agregaron a la cofradía, siendo desde entonces cuando la propia cofradía se hace cargo de la procesión de La Ascensión, manteniendo así esta tradición que aún perdura.
Desde este medio vamos a mostrar a los lectores unas cuantas fotografías que nos muestran varias etapas de la Virgen de la Soledad en el día de La Ascensión.  
La fotografía más antigua (1) que nos hemos encontrado está publicada en el libro TESTIGOS DE LA SEMANA SANTA DE ÚBEDA y data de comienzos del siglo XX, siendo desconocido el autor de la toma aunque muy bien pudiera pertenecer al fotógrafo de aquella época llamado Antonio de la Torre y Soria. Como se puede apreciar las dos imágenes se hallan en un pequeño trono de andas en la puerta de San Millán con un exorno floral que no corresponde al de Semana Santa porque también está desprovisto de luz penitencial. Por consiguiente, pudiéramos estar ante la fotografía más antigua de la Virgen de la Soledad en el día de la Ascensión.
Tienen que pasar muchos años más para que podamos volver ver fotografías de la Soledad en este día grande. Para ello, nos vamos a valer del libro de corte artesanal y pequeña tirada, que confeccionó el fotógrafo Felipe Romero Molina y se imprimió en el año 1984.
La siguiente fotografía (2) podría estar realizada en la década de los años 50 y por el extraordinario acompañamiento de público que transita por la calle Valencia, pudiera ser que la imagen la sacaran en procesión después de mucho tiempo sin hacerlo; tampoco se ve la bandera de la cofradía. Lo curioso es que la llevan en el mismo trono de la Semana Santa. Luego, existe un reportaje completo hecho por Felipe a comienzo de la década de los 70, que ilustra la mayor parte del libro anteriormente mencionado, donde se aprecian devotos, cofrades y personajes muy vinculados con esta cofradía que aglutinaba al gremio de los albañiles y también al gremio de los alfareros sin olvidar a vecinos devotos del barrio de San Millán.





Fotografías de Felipe Romero

miércoles, 29 de mayo de 2019

MILES DE AGRICULTORES PROTESTAN EN JAÉN POR LOS BAJOS PRECIOS DEL ACEITE


Hoy, en Jaén capital y ante la Subdelegación del Gobierno, miles de agricultores se han manifestado en contra de los bajos precios que tiene el aceite y que abocan a este sector a la ruina, junto a todo lo que se mueve a su alrededor. Varios responsables provinciales y autonómicos leyeron un comunicado que luego entregaron a la subdelegada y prometió que haría llegar al presidente del gobierno todas estas reclamaciones. A la concentración asistieron agricultores oleícolas de todas las provincias de Andalucía y algunas de comunidades limítrofes. Más de un centenar de ubetenses asistieron a esta reivindicación por un precio justo de nuestro producto estrella, cuyo bajo precio es una maniobra política orquestada desde Bruselas -expusieron.   

Enviado especial.- El Mercader