domingo, 3 de noviembre de 2019

MIS RECUERDOS DEL MES DE NOVIEMBRE


Por JASA

A pesar de comenzar con un día de fiesta, no era precisamente el mes que más atraía mi atención. Todo se tornaba de un color gris ceniza y en la calle se respiraba cierta melancolía, tristeza… brillaba menos la luz y se alargaba la oscuridad. Irremisiblemente se acercaba el invierno. Las chimeneas exhalaban el humo ceniciento del hogar desde el arranque del día. Las flores de las macetas ya no se asomaban a corrales y balcones.

EL DÍA DE LOS DIFUNTOS

Era en los primeros días de noviembre cuando la coqueta del dormitorio de mis padres cambiaba de aspecto, convirtiéndose en un pequeño altar donde se le rendía culto a los muertos y a mí me daba un poco de miedo. Allí, recostadas en el cristal biselado, estaban unas fotografías que durante el resto del año dormitaban en una caja de lata que aún desprendía olor a Cola Cao. Eran las fotografías de tres de mis abuelos. Delante de ellos, mi madre colocaba un recipiente -un tazón de loza- casi lleno de agua y se completaba con aceite usado para depositar sobre él unas mariposas encendidas que flotaban y lucían durante un día, hasta que comenzaban a chirrear, siendo esa la señal que anunciaba su final. Eran las luces para los difuntos, nuestros particulares santos. Aquellas mariposas progresivamente fueron decayendo en uso para ser sustituidas por las velas enfundadas en plástico rojo y hasta por otras imitaciones con alimentación de una pila. En todos los hogares de antaño existía esa tradición que aún se mantiene en las casas de algunos mayores.
       Las flores más populares que se ponían en las tumbas del cementerio eran las celosías, conocidas popularmente como “Crestas de gallo” y les llamaban “las flores de los muertos”. En las huertas de las inmediaciones dedicaban una parcela para cultivarlas y en el mercado de abastos se vendían durante los días previos a los Santos y Difuntos, para adornar los nichos y tumbas del campo santo. En la actualidad, esta flor ha dejado de estar vinculada a dicha conmemoración e incluso ha desaparecido de nuestro entorno.

GASTRONOMÍA POPULAR PARA LOS SANTOS

La gastronomía popular tenía para estas fechas sus especialidades concretas. Eran elaboraciones artesanales que se hacían en la mayoría de las casas, humildes o no, pero en las nuestras sí que se elaboraban en torno a la mesa de camilla y todos estábamos presenciándolas en derredor de ellas. En ocasiones, queríamos participar y meter la mano, pero los padres no nos dejaban, a lo sumo nos darían la tarea de echar el azúcar o la canela por encima. Estos platos típicos consistían en las exquisitas gachas, que muchos mocicos las empleaban para hacer la gracia tapando las cerraduras de las puertas de la calle, sobre todo donde había mocicas. Otro plato estrella eran los boniatos asados o batatas, todo un manjar para los paladares de entonces. Las castañas asadas solían venderse en la Plaza Vieja en unos puestos cercanos a los carrillos, o bien se asaban en viejas sartenes que se calentaban en la lumbre e incluso en el brasero. Alguna que otra vez mi madre nos hacía calabaza encalá. En las confiterías de la época, como las de Camprubí, Lope o Pepico, se fabricaban otros productos que también han llegado hasta nuestros días, como los Huesos de Santo o los Buñuelos de Viento. Los ubetenses de más edad recordaban que, años atrás, hubo algunos vendedores ambulantes que ofrecían estos buñuelos, destacando entre todos a uno que llamaban “El Regaera” y que se situaba a la salida de los cines o bajo los soportales de la plaza del General Saro (Plaza Andalucía) con su cesta de mimbre al brazo para venderlos, pero él los rebautizó con el sugerente nombre de “Pelotas de fraile”.
        El eje en torno al cual giraba toda la vida en los meses invernales, era la mesa de camilla; y era el común denominador de todos los hogares que se convertía en el momento ideal para que nuestras madres nos hicieran una sartená de rosetas y culminar así la felicidad del día. 

Texto extraído del libro 12 MESES DE MI INFACIA. “Úbeda en los años 60, desde la calle Fuente de las Risas”, que será presentado en el Hospital de Santiago el 16 de noviembre.

jueves, 31 de octubre de 2019

HA FALLECIDO MARTÍN VILLAR, EL DUEÑO DE "ALMACENES MARTÍN"

Martín Villar Vizcaino

Hoy ha fallecido Martín Villar Vizcaíno, el que fuera mi jefe durante casi toda mi vida laboral, porque el primer año y medio lo fue su padre Sebastián Villar Arroyo. Vaya desde aquí el más sentido pésame para toda su familia. 

Nota.- Esta fotografía está realizada en la madrugada del 5 al 6 de enero de 1984, en el pub Blas (de los Mananos) que había al principio de la calle Minas y después de celebrar el combite anual que se hacía en esta noche tras la venta de Reyes y preparar las rebajas del día 7. Eran otros tiempos en que esta empresa, "Almacenes Martín" junto al "Métrico", fueron todo un referente en la provincia y colindantes. Fueron unos años que ya no volverán a repetirse en lo que respecta al comercio tradicional. Esos años en que los empleados, después de trabajar el sábado, se juntaban para tomar unas cañas y echar una partida de "chinos", mucho antes de que éstos nos invadieran realmente. Unos años en que el empresario y el trabajador tenían "buen rollo" y se valoraba el trabajo del obrero y se respetaba al jefe. Y fueron aquellos años en que el vocablo CRISIS aún no se había aposentado en nuestra tierra.  

JASA    

sábado, 19 de octubre de 2019

MÁS FOTOS DE LA MARCHA SOLIDARIA CONTRA EL CÁNCER






DÍA INTERNACIONAL DEL CÁNCER DE MAMA EN ÚBEDA


Hoy, sábado 19 de noviembre, Úbeda se ha vestido de rosa, del rosa de la esperanza para las mujeres que sufren el cáncer de mama, en una proporción de una de cada tres. Varios centerares de mujeres, y algunos hombres, han participado en una marcha que ha transcurrido por las principales calles de la ciudad, para finalizar en la plaza 1º de Mayo. Allí se ha leído un comunicado y acto seguido las escuelas de danza locales han ofrecido a las congregadas una selección de sus bailes sumándose todas a la coreografía. Una gran paella solidaria ha servido como colofón del Día Internacional del Cáncer de Mama. 







sábado, 5 de octubre de 2019

MIS RECUERDOS DEL MES DE OCTUBRE



Por JASA

Comenzaba octubre un poco más tarde para los chiquillos, porque la feria ocupaba los primeros días. Ya las jornadas eran más cortas, la climatología inestable y la tristeza del otoño era evidente. Los días y las luces cambiaban sus tonalidades. En un festivo y a mediados de mes, nos llegaban los sones procedentes de la Academia de Guardias y horas más tarde, con sus guantes blancos y tricornios, los alumnos inundaban la ciudad.

LOS ZAPATOS GORILA Y SU PELOTA DE GOMA

Nada más acabar la feria, en la escuela se emprendía un camino trimestral que nos llevaba hasta la Navidad. Y este camino lo recorríamos con nuestros nuevos zapatos de la marca Gorila que eran los más resistentes para los chiquillos, aunque un poco más caros que otras marcas. Si por algo se distinguía ese calzado, no era por su estética -bastante clásica por cierto- sino porque dentro de la caja también venía una pequeña pelota de goma de color verde con la que jugábamos y presumíamos ante la chiquillería. La inversión que nuestros padres hacían en este zapato había que amortizarla al menos durante un par de años, para lo cual nos compraban un número mayor del necesario y en la punta le metían algodones para que nos quedaran ajustados y no se nos salieran. El primer calzado de esta marca me lo compraron en la zapatería El Rayo, cuando ésta se encontraba en la parte trasera del mercado de abastos. Creo que dichos zapatos los llegó a heredar mi hermano Juan que venía detrás de mí.

LOS TÍSICOS, EL TÍO DEL SACO…

Para romper la inercia que llevábamos los chiquillos de todo el verano con juegos en la calle y sin horas para entrar en casa, nuestros padres tenían unos cómplices. El primer aliado era un tío que llevaba a cuestas un saco y a todos los nenes que viera fuera de su casa al anochecer, los metía en él y se los llevaba, no se sabe adónde. Pariente suyo y con las mismas intenciones despiadadas era el Tío Mantequero, que nos sacaba las mantecas para con ellas hacer jabón.
Cuando íbamos creciendo esos “tíos” quedaban muy infantiles y no nos amedrentaban demasiado. Sin embargo, nuestros mayores tenían solución para todo y se inventaron unos personajes tétricos, macabros y peores que los anteriores a los que llamaban “tísicos”. Éstos sí que nos acojonaban, porque nos chupaban la sangre y luego la vendían. No sabíamos cómo eran ni qué aspecto tenían para evitarlos y poder refugiarnos en las casas de un brinco. Nuestra imaginación de niños les ponía la figura de un ser con hábito pardo, pudiéndoles reconocer por el calzado, dado que no llevaban sandalias sino zapatos. La verdad es que para tenernos controlados y meternos el resuello dentro del cuerpo, no bastaba con los consejos o las órdenes, sino que contaban -como hemos visto- con aliados tales como La Tía Tragantía, el Tío del Saco, el Tío Mantequero, el Tío Marango, Los Tísicos y hasta el Coco. A pesar de estos miedos, ningún chiquillo de aquella infancia hemos arrastrado trauma alguno.


Texto extraído del libro en imprenta 12 MESES DE MI INFANCIA. "Úbeda en los años 60, desde la calle Fuente de las Risas".  

martes, 1 de octubre de 2019

LA PLAZA DE LOS OLLEROS (y II)

Vista desde un alfar. Foto Ventura año 1927

A mediados del siglo XX,
 este lugar fue perdiendo la importancia que tuvo tiempos atrás

Por aquellos tiempos ya lejanos, tanto la plaza de los Olleros como la calle Valencia y otras del barrio, tenían mucha vida; vida que le daban sus numerosos vecinos cuando iban de acá para allá con sus quehaceres diarios. O iban y venían acarreando sus cantaros y cubos de las fuentes, una ubicada en esta plaza y la otra la Fuente Nueva. O esa población extra que se acercaba a este arrabal para comprar algunos cacharros. O ese número ingente de arrieros que con sus bestias y carros venían para hacer la carga con piezas de barro cocidas. O aquellos otros que traían a estos hornos el barro de las canteras para convertirlo en piezas de alfarería. También transitaban por aquí numerosos campesinos y hortelanos que, iban o venían después de labrar sus fincas que tenían en la “villabajo”, y los olivareros para llevar la carga de aceituna a los diferentes molinos. Muchos vendedores ambulantes se dejaban ver por esta zona voceando sus productos o mercancía, como los carboneros que visitaban a sus clientas, los “afilaores”, etc., etc., y todos ellos hacían que la plaza y el barrio fuera un hervidero de personas.
También era característico ver transitar a grandes rebaños o hatajos de cabras y ovejas que salían de la ciudad por la mañana para pastar de día y volver al anochecer. O sea que esa zona más bien era un sinvivir, pues las mujeres como buenas amas de casa, maldecían -con razón- a tanto animal que ensuciaba la calle con sus boñigas y orines. Los alfareros se unían a dichas protestas dado que a lo largo de sus aceras sacaban y exponían una muestra de sus artículos, corriendo el peligro de que los animales e incluso los niños jugando les rompieran alguna pieza.

Pero todo ello comenzó a declinar cuando apareció el menaje de porcelana con su conocida marca San Ignacio, los cubos y barreños galvanizados, los platos y vasos de Duralex, etc., y esta industria de la arcilla cayó en picado, viéndose muchos artesanos abocados a cerrar sus talleres para dedicarse a otros menesteres u oficios. Otros, se unieron a la corriente emigratoria que comenzó en estos años, por lo que las casas dejaron de ser un hormiguero de personas, igualmente las bestias de carga, las cabras y ovejas se perdieron de los hogares y ello fue lo que convirtió a esta plaza y su entorno en el oasis de paz y tranquilidad que ahora conocemos, aunque perdiendo su estampa romanticista que en estos dos escritos hemos querido reflejar.

José Alameda Jiménez con la carga de cacharros
por el Real. Año 1930

José Alameda y Paco Gómez (hermanastros)

Paco López Sarmiento y detrás, 
Juan "Tito" y Fco. Palma Burgos

viernes, 27 de septiembre de 2019

FERIA DE SAN MIGUEL 2019, BUEN TIEMPO SIN RIESGO DE LLUVIA


Aunque un poco tarde por motivos que se han escapado de sus posibilidades, Alfonso Medina "El Piti" nos ha enviadao el pronóstico del tiempo según sus particulares cabañuelas para los últimos cuatro meses del año 2019. Como se puede comprobar, la feria de San Miguel va a ser muy buena, climatológicamente hablando. Por el contrario, anuncia que en los tres últimos meses que restan no habrá precipitaciones de lluvia; esperemos que en este último apartado se equivoque.


Especialmente para los días de feria nos ha dcicho: Comenzará con nubosidad, sobre todo por las mañanas y por las tardes quedará raso. Los días restantes no se cubrirán los cielos, salvo el día 3. En cuanto a las temperaturas, los dos primeros días serán más elevadas que el resto rozando los 28º grados y los demás oscilarán entre los 20º y 22º, salvo el día 3 que bajarán a 18º. Ausencia total de lluvias, claro está, si no hay presencia de alguna tormenta puntual, que es muy improbable. Añadir que en la feria de San Lucas el tiempo acompañará con temperaturas más elevadas aún.