miércoles, 8 de noviembre de 2017

LA PORTADA DEL LIBRO "HISTORIA DEL CARNAVAL EN ÚBEDA"


Esta es la portada del libro que nuestro Caballero Mercader ha escrito sobre la historia del Carnaval en Úbeda. Como se puede apreciar es la recreación de una murga de antaño pintada con el marcado sello del artista ubetense-gantés Juanan Soria Rodríguez y que será presentado dentro de pocos días en el auditorio del Hospital de Santiago. 

domingo, 5 de noviembre de 2017

HISTORIA DEL CARNAVAL EN ÚBEDA "HOGAR DEL PENSIONISTA"

Grupo de máscaras en el año 1979

HOGAR DEL PENSIONISTA

En el Hogar del Pensionista se anticipó la celebración del Carnaval
unos cinco años

El Hogar del Pensionista se crea en Úbeda en 1972 ubicándose en el edificio que anteriormente ocupaba el ambulatorio de la Seguridad Social y el Instituto Nacional de Previsión sito en la plaza Vázquez de Molina.
Las primeras referencias que hay de la celebración del Carnaval en este centro las hemos encontrado en una fotografía datada en febrero de 1979. Se trata de un grupo disfrazado con máscaras a la antigua usanza tal y como ellos las recordaban y habían vivido. Por lo tanto quisiera dejar escritos los nombres de aquellos mayores que tuvieron la valentía de ser los pioneros en esta nueva andadura del Carnaval. La representación de las mujeres estuvo compuesta por: María Duarte, Carmen y Juana Torralba, Mª Jesús Muñoz, Carmen Díaz, Antonia Cano, Alejandra Poveda, Gabriela Herrera, Dolores García, Mercedes, Juana Soria y María A. Gómez, a los que hay que sumar los de José Archilla, Antonio de la Blanca, Fernando y Bartolomé Ruiz. Sabemos por éste último que en el año 1980 las féminas tuvieron como premio una bandeja plateada y los hombres un monedero de piel. Y así, con su particular fiesta dentro del Hogar, continuaron tres años más hasta que en 1983, el grupo de disfrazados tuvo el atrevimiento de echarse a la calle y darse una vuelta por la plaza Vázquez de Molina. La manifestación carnavalesca estuvo compuesta por veinte mujeres y dos hombres. 
Los primeros años fueron sólo grupos de máscaras, pero muy pronto nacieron “Las Murgas del Hogar”, que solían estar conformadas por dos secciones que campaban de manera independiente; por un lado estaban los músicos de la rondalla del centro (guitarra, bandurria, laúd) y por otro el coro de voces femeninas. Ambos grupos se conjuntaron para configurar la primera agrupación carnavalesca del Hogar y todo bajo la batuta de un director que siempre sería un hombre. Este puesto lo ocuparon dos personajes que, precisamente, habían vivido en sus propias carnes los carnavales de anteguerra, como lo fueron Bartolomé Ruiz Barba y posteriormente Pedro Ruiz Tallante.
La primera murga del Hogar del Pensionista nació en 1984 llamada “Los Payasitos” y fue dirigida por Bartolo. Al año siguiente pusieron por nombre “La Charanga del Hogar” siendo su tipo de cubanitos y estuvo compuesta por nueve mujeres y tres hombres. Se presentaron al concurso del teatro Ideal y obtuvieron un premio de 10.000 pesetas. Volvieron a la carga en 1986 y recabaron 5.000 pts. de otro premio. Pero los mayores veían que no podían competir en el concurso con la misma fuerza y el ímpetu de los jóvenes, y “los del hogar” dejaron de asistir al teatro Ideal Cinema; sin embargo mantuvieron lo que ellos llamaban su “murga” unos años más, ya dirigida por Pedro Ruiz Tallante y actuando solamente en su centro día y en la Residencia de Mayores de la calle Montiel. Su última intervención fuera de su “hábitat” la hicieron en el año 2007 con el tipo de “Las Negritas de Oro” colaborando en el festival de Manos Unidas y con la ayuda de Mª Jesús López de la ACCU.
Las actividades que se hacían en el Hogar en torno al Carnaval se desarrollaban durante dos o tres días y consistían en hacer los pases de disfraces y posteriormente el concurso y entrega de premios. La actuación de la murga con su esperado, simpático y picarón repertorio, sería la estrella; y por descontado no podía faltar el baile de máscaras. Todo lo llevado a cabo no era ni más ni menos que un fiel reflejo de lo que se hacía cuarenta años atrás, en los carnavales de antaño.
La presencia de los mayores del hogar en las cabalgatas de Carnaval estuvo vigente hasta el final de la década de los años 90. Precisamente en el año 1997, en reconocimiento a su labor y dedicación a estas fiestas, el Cuarteto 1º distinguió con su premio “Ladrillo Verde 1996” a las Murgas del Hogar, haciéndosele entrega del mismo en su salón de actos durante su pase de disfraces.
En la actualidad aún se llevan a cabo actividades que mantienen vivo el espíritu del Carnaval en este centro, si bien es cierto, no con la entrega y la implicación de hace unos años.
Antes de finalizar este apartado, quisiera reconocer la labor realizada en este sentido al que fuera su primer gerente, Fernando Almansa y por descontado a la asistenta de Servicios Sociales, Encarnita Sánchez Rodríguez, alma de esta casa durante cuatro décadas. Aparte de los muchos que han participado con sus disfraces durante todo este tiempo, merece especial atención Juan Muñoz Valenzuela, por su entrega y revitalización del Carnaval durante el tiempo (1997-2004) que estuvo en activo en el centro, como vicepresidente.
JASA. 

* Extraído del libro HISTORIA DEL CARNAVAL EN ÚBEDA que será presentado el próximo 18 de noviembre en el Hospital de Santiago. 

viernes, 3 de noviembre de 2017

IGNACIO PULLANA SABATER "EL REGAERA"

Murga de "El Regaera"

EL REGAERA
Ignacio, el “Regaera”, dejó huella en los carnavales de antaño debido al gracejo que tenía pos sus raíces gaditanas. Sus ocurrentes letras escritas para las murgas, donde también estaban encuadrados sus dos hijos varones y las apariciones sin complejos en plena calle en los días de Carnaval, quedaron impresas en la memoria colectiva de los ubetenses que aún, después de haber trascurrido más ochenta años, muchos mayores las refieren y hasta evocan tarareando sus picantes letrillas. Él era el director y se ensayaba en su casa. Cuando salía a la calle con su agrupación, siempre llevaba -como distintivo de liderazgo- un sombrero de copa que se lo regaló el cochero de Juan Montilla.
Ignacio Pullana* Sabater nació en 1885 la isla de San Fernando (Cádiz) y entre su ciudad natal y el Puerto de Santa María transcurrió su infancia y juventud. Se desconocen cuáles fueron los motivos que hicieron arribar en 1914 a un gaditano hasta este puerto del interior.
Contrajo matrimonio con una ubetense que era 10 años menor que él llamada Petra Delgado Villar y de este matrimonio nacieron cuatro hijos: José Manuel (1918), Juan Miguel (1923), Antonia (1927) y Mercedes (1933). El mayor de éstos, José, llegó a casarse aquí con la viuda del hojalatero Braulio Arroyo que tenía su taller en la calle Rúa. A esta familia se le conoce residiendo en una casa de vecinos que existió en la calle Corazón de Jesús (antes calle de la Marquesa) y hoy convertida en la plaza Juan de Valencia.
Ignacio tenía por profesión la de panadero aunque fue inconstante en sus trabajos dado que probó fortuna con muchos oficios recurriendo siempre a la de confitero y también a la venta ambulante de diversos productos de época, como los madroños, las castañas, las algarrobas, el paloduz, sin olvidar sus dulces artesanales y sus populares buñuelos de viento a los que él bautizó con el nombre de “Pelotas de fraile” que ofrecía al personal a la salida de los cines o bajo los soportales de la “Plaza Vieja”.
A poco de finalizar la guerra civil, su hijo mayor se trasladó a Córdoba para buscar fortuna, residiendo en la calle de Enmedio nº 14, y años más tarde arrastró a toda la familia. En la Ciudad de los Califas se recuerda a Ignacio buscándose la vida y arrimando un duro a la casa de muchas maneras. Llegó a convertirse en guardacoches, pero la imagen que de él se mantiene en la memoria colectiva y gráfica de esta capital, es verlo por la zona monumental junto a una pianola u organillo acompañando a una señora que lo hacía tocar, mientras que Ignacio interpretaba alguna que otra coplilla. La estampa que ambos proporcionaban era tan pintoresca que -incluso- fue fijada en una tarjeta postal que ha circulado por todos lugares hasta hace poco tiempo.
El historiador cordobés Manuel Estévez me amplió de él la siguiente información: “Él tocaba el pianillo de la "Coja", era un hombre al que la misma mujer apodaba como "Regaera". No era de mucha presencia y siempre llevaba puesta una gorrilla. Su forma de tocar el pianillo era muy característica, pues mientras giraba la manivela, con la otra mano y con un palo, lo rastreaba por los radios de la rueda del carro haciendo un compás de acompañamiento. En fin, te completo esta información que ha sido contrastada por varias personas "que oyeron" cómo la propia coja, le decía: ¡Venga Regaera, arranca ya de una vez!".

Ignacio murió en Córdoba cuando ya se había convertido en octogenario y está enterrado en el cementerio de San Rafael junto a su esposa que falleció el 6 de marzo de 1967. 
JASA. 
Texto extraído del Libro "HISTORIA DEL CARNAVAL EN ÚBEDA"
Ignacio Pullana "El Regaera"

sábado, 28 de octubre de 2017

"MARI TERE" EN NUESTRO RECUERDO

En el Manifiesto 2006

Ayer, en la iglesia de San Pablo, muchos amigos de Mª Teresa Ortiz Fernández se dieron cita para asistir a la misa por el alma de nuestra querida paisana que nos ha dejado súbitamente y sin previo aviso. Unidos todos en el dolor dimos nuestro pesar a una familia destrozada. 
Nuestro colectivo tenía en "Mari Tere" una estrecha relación desde el inicio de nuestra andadura "caballeresca", dado que era la encargada de acudir a las proclamas y manifiestos anuales de manera voluntaria y espontánea. Nuestras reclamaciones las hacía suyas, como buena "Ubetense de Úbeda", una vez acabada la grabación y posaba con nosotros para las fotos en el recuerdo. Incluso, a veces, nos acompañaba en la invitación de rigor, a pesar de que era de poco beber. También compartimos gozo el mismo año que a ella y a nuestro colectivo nos otorgó el premio "Chache" el semanario Úbeda Información. 
Los "Caballeros Veinticuatro" hemos sentido su pérdida y ya lo hicimos público en su día por las redes sociales, pero queríamos también dejar constancia de nuestro pesar aquí, en este blog que es nuestra casa, con el recuerdo de nuestra amiga.

En el Manifiesto 2004

Programa "Memoria Viva" 2013

sábado, 16 de septiembre de 2017

ENTREVISTA AL ARTISTA UBETENSE JUANAN SORIA, AFINCADO EN GANTE


La plataforma 'Spain. Art & Culture'  de la consejería de cultura de la Embajada de España en Bruselas con el ánimo de recoger y aglutinar todo lo que se mueve en relación a artistas, creadores y cultura española en el extranjero y dar difusión, apoyar y tener una base de datos de los artistas que residen en Bélgica, ha entrevistado a Juanan Soria, entrevista de la que nos hacemos eco. 

Háblanos de tus inicios.
Siempre he tenido contacto con mi padre ya que ha estado presente en mi vida, y él ha sido un aficionado a la pintura y sobre todo lo relacionado con la cultura. De pequeño iba a casa de mi abuela y veía lo que él hacía cuando era pequeño y yo decía ¡quiero ser como él! Me acuerdo que tenía una caja llena de botes de pintura y cuando la abría para mí era algo mágico. A partir de ahí me empezó a picar la curiosidad. El gran paso fue elegir el Bachillerato de Arte que lo hice en Úbeda. Posteriormente cursé la Licenciatura de Bellas Artes en Sevilla y una beca Séneca en Valencia y ahí me quedé para hacer el máster de producción artística. Luego he completado esa formación con estancias y becas, como en la Fundación Antonio Gala en la que fui residente y con encuentros y simposios.
- ¿Te consideras un artista multidisciplinar?
Me considero un artista que va buscando diferentes herramientas para poder elaborar investigaciones que voy realizando. Cada obra la considero como un proyecto en sí mismo. Mi obra se encasilla en procedimientos tradicionales como el dibujo y la pintura. Son muy antiguos pero están ligados al ser humano por eso son los más sofisticados. Otros procedimientos como el video arte ha llegado hace muy poco, pero el lápiz, la pintura, el pigmento ligado con un aglutinante, eso ha estado siempre en las manos del ser humano y creo que no hay que desvincularse de eso.
- ¿Con qué rama te sientes más cómodo?
Últimamente estoy buscando la obra-objeto pero siempre trabajo con un soporte y base tradicional, ligado al dibujo y a la pintura. Es el soporte lo que va cambiando en mi obra.
- ¿Qué opinas de estas nuevas formas de expresión que has comentado antes?
Todas son herramientas bastante útiles para expresarse, las veo interesantes todas ellas. En diferentes momentos de tu vida puede ser que te veas más vinculado a unas que a otras. Por mi formación y forma de ser, me considero una persona muy humanista, creo que lo todo lo que está relacionado con la tradición perdura, y esa perdurabilidad es lo que me interesa.
- ¿Qué te gusta transmitir en tus obras?
Mi obra se basa y nace de la investigación de lo social y político. Siempre me han interesado estos temas porque soy de los que piensan que un artista tiene que hablar y trabajar con lo que le rodea, con el mundo en el que vive. Hay muchos artistas que trabajan con su mundo interior, es muy lícito, la verdad que me gusta mucho lo que hacen, pero creo que un artista no debe de obviar lo que tiene alrededor y tiene que vincular todo lo que rodea a su obra. Su obra no puede estar exenta de los conflictos, la guerra, la situación social que haya. Por ejemplo, lo hemos visto en diferentes épocas; Goya plasmó los desastres de la Guerra de la Independencia o Picasso con el Guernica o Beethoven que con sus composiciones plasmaba cómo iban avanzando las tropas napoleónicas. Creo que ese se tipo de arte, no es que sea mejor ni peor, sino que es el más afín a mí.
- Son obras muy comprometidas con la sociedad y el arte. ¿Es el caso de la colección Destroy to build?
Esa obra nació a raíz de proyectos anteriores, como por ejemplo Desencanto que hablaba de la situación política y social que había en España o Mirar lo que cuesta mirar, una mirada de un inmigrante de lujo -como yo- acerca de casos de inmigración y refugiados. A partir de ahí nació una nueva rama para comprender lo que estaba pasando en la actualidad. Pero a partir de la historia de las obras de arte. Cuando pensamos en una obra de arte, siempre vamos directamente a la obra original o a lo que nos queda de ella, nunca pensamos en el intervalo que ha habido desde la creación hasta que ésta llega a nosotros, eso habla del mundo en el que esa obra ha vivido. Las obras de arte son, en cierto modo, una representación de nosotros mismos y tienen que perdurar. Esa perdurabilidad y permanencia nos habla y nos da a conocer cómo somos. Esa serie de conceptos son los que me interesa para plasmar en este proyecto Destroy to build, y en este caso se centra en cómo han sido diferentes obras agredidas, refugiadas o maltratadas en los conflictos bélicos, por eso se llama destruir para construir. El arte en sí es molesto: como habla de nosotros mismos y representa una época de nuestra sociedad, en algunos momentos esa época no quiere ser vista y es molesta. Esta obra intenta coger obras de arte que han sido destruidas y/o dañadas y representarlo. No me interesa una reconstrucción literal de cómo era, sino mostrar qué ha pasado con esa obra. Ese daño muestra cómo quiere una sociedad en un determinado momento que se vea. Y eso es lo que quiero plasmar e inspira la obra que estoy realizando.
- Al igual que la colección “Mirar lo que cuesta mirar”, en la que tratas el tema de la inmigración…
Ese proyecto intenta muestra la situación de los refugiados, de la inmigración, que siempre ha estado presente en la historia, pero que ahora está más. Mirar lo que cuesta mirar pretende reflejar una mirada que no es cómoda. Una mirada que nos presenta este problema social que no sabemos qué hacer con él. Está presente y hay mucha gente que no le apetece mirar a la gente a los ojos porque realmente en ese momento sería cuando emocionalmente te ves ligado a esa persona.
- ¿Se notan tus raíces andaluzas en tu trabajo?
No sé si exactamente lo podríamos vincular de esa manera, pero lo vincularía con la naturaleza de la historia del arte. Si consideramos que Andalucía o la Península Ibérica es la cuna del arte histórico, que esa tradición nace allí en Altamira, o tenemos todo lo que es la Cordillera Penibética plagada de cuevas de arte rupestre pues sí. Si miramos esa tradición que siempre ha estado presente en la pintura, la representación con un pigmento, un carbón, un soporte como puede ser la cueva, creo que sí.
- ¿Cuándo y por qué decidiste trasladarte a Bélgica?
Hace unos cinco años y medio y fue realmente por amor. Luego había motivos secundarios, sobre todo porque en el 2012 había acabado mis estudios y pensé que podía empezar mi carrera aquí al igual que la podía haber empezado en España, ya que no había puesto todavía ninguna piedra me daba igual que fuera aquí que allí, aunque en Bélgica fuera más difícil.
- Vives en Gante, una de las ciudades más abiertas y dinámicas de Bélgica, ¿cómo ha influido establecerte allí en tu carrera profesional?
Muy notablemente. Es el lugar en donde he echado raíces; a partir de ahí ves con perspectiva lo que está pasando en España y esa perspectiva que me otorga vivir aquí resulta interesante para mi obra. Ha influido en que he aprendido a trabajar como artista, he conocido nuevos referentes y cómo se trabaja aquí a través del arte. Son semejantes a España ya que vivimos en una cultura global pero que tiene sus pequeñas diferencias. En Gante empecé a exponer en una galería, también pertenezco a una residencia de artistas en donde tengo mi taller, se hacen sinergias y redes. Creo que Gante, tanto a nivel personal como laboral, me ha aportado lo que ahora mismo soy.
- ¿Se cumplieron tus expectativas artísticas al llegar?
Poco a poco se fueron generando diferentes situaciones que favorecieron que pudiese ir viviendo del arte. Creo que esta experiencia ha sido muy favorecedora y mis expectativas eran desconocidas; actualmente estoy bastante satisfecho, sobre todo porque Gante es el escenario idóneo, es pequeño y accesible y hay cantidad de centros culturales y museos con una calidad increíble.
- Consejos que darías a los artistas que tengan pensado abrirse camino en el mundo artístico belga.
Hay que ser muy obstinado porque este mundo es difícil, aquí hay mucha gente y una clase social que es la del coleccionista. En España existen pero parece que están escondidos; aquí se reúnen, hacen sus fiestas, sus eventos, y es una clase muy activa interesada por cómo van evolucionando los artistas jóvenes. En España no me he encontrado a gente joven que invierta en arte. El artista que pueda venir se va a encontrar con eso. No es fácil ya que tienes que irte involucrando en los centros culturales, las organizaciones artísticas y residencias. Bélgica es un país en el que el arte y la cultura generan muchos ingresos. Por el contrario, en España se dedican más a administrar que a generar. Ese afán de generar es algo que hace que el motor fluya y haya siempre un flujo de arte y cultura que está presente en todos lados.
- ¿En qué estas inmerso actualmente?
En el proyecto de Destroy to built, sobre todo trabajando en la secuencia de esta serie y para el año que viene me gustaría hacer una exposición en el espacio de la residencia, trabajar con la galería y participar en diferentes ferias que tengo a la vista.

Entrevista realizada por María Teresa Cortés.
Algunas muestras y exposiciones del artista

viernes, 8 de septiembre de 2017

HISTORIA DEL CARNAVAL EN ÚBEDA "EL CAFÉ DANIEL"

Pareja de disfraces en el Café Daniel

EL CAFÉ DANIEL

Este café tuvo dos etapas: la de anteguerra y la de posguerra, la de Daniel Tera (su fundador) y la de sus sucesores. Daniel Tera Martínez era natural de Navas de San Juan, aunque sus ascendientes procedían de Calabria (Italia), según cuenta nuestro nonagenario Jerónimo Maeso. Ya en 1913 hay noticas de su presencia en Úbeda dado que aquí tenía un taller de calderería, posiblemente en la calle Tesillo de Monjas (Sagasta). Casó con Teresa Sáez Cabezas con la que no tuvo descendencia. Llegó a tener varias propiedades, siendo en la casa de la calle Gradas donde fijó su residencia. Los que le conocieron decían de él que no tenía mucha cultura, pero para los negocios era un lince. Le gustaba la juerga y su estampa así lo delataba, pero también tenía un gran corazón. A finales de los 20 comienzo de los 30 (s. XX) ya hay noticias del Café Daniel y sus bailes siendo de máscaras los de Carnaval, una fiesta que también le atraía y en la que participó activamente en alguna ocasión, tanto en la calle como -por descontado- en los bailes.
            En la calle Gradas nº 6 y hacia 1920, Daniel levantó un café-teatro y un bar en lo que antes fue un molino aceitero perteneciente a Rafael Navajas. Sabemos que Daniel estuvo regentando otro café en la calle Real que luego traspasó a Segundo Mas. Posteriormente también traspasaría el café La Mezquita de la plaza de Toledo a Pedro Aranda que luego llegaría a Fernando Victoria López. Daniel tenía un sueño, que era conectar su salón-café con la citada plaza, pero no lo consiguió aunque sí logró hacerlo con la calle Mesones nº 9 en el año 1929 al adquirir una casa que con ella se comunicaba. Así bien, por este nuevo lado montó el Café Bar Tera que comunicó con el salón que tenía su entrada primitiva por la calle Gradas y donde había instalado un pequeño bar llamado La Alhambra; todo quedó unido después de una gran remodelación a comienzo de los años 30. En épocas concretas, como Navidad y Carnaval, Daniel alquilaba a algunos empresarios el salón-café para llevar a cabo sus fiestas y bailes. Tras su fallecimiento acaecido el 22 de enero de 1941 cuando contaba 67 años de edad, su viuda lo arrendó a Andrés Bernabeu y posteriormente a los hermanos Sebastián y Diego Fernández Sánchez. Luego, por herencia, llegó a manos de dos resobrinos de su mujer, Tomás Aparicio Villena (hijo de su sobrino Tomás Aparicio Sáez) y de Tomás del Valle Aparicio (hijo de Dulce Aparicio Sáez) conociéndoseles por su talla (el grande y el chico) o como “Los Tomases”. Años después y tras sufrir un embargo tuvieron que desvincular el Café Daniel con el Bar Tera, por lo que la parte de abajo fue adquirida por sus arrendatarios en 200.000 pts. Sabemos que durante bastantes meses también fue gestionado por Tomás Fernández “Tadeo”. Tanto unos como otros, siempre mantuvieron el nombre de Café Daniel, junto con sus actuaciones y bailes, entre ellos los de máscaras y con ese esplendor se mantuvo hasta final de los años 50. A partir de esta fecha en la planta de abajo quedó como restaurante en manos de Fausto Sánchez y los salones de la planta arriba los explotaba José Salido para celebraciones sociales. A finales de los 50 la parte de abajo -donde se encontraba el café-teatro- se destinó a salón recreativo regentado por José Mª López Ruiz que los mantuvo hasta comienzo de los años 90. El coqueto bar que daba a la calle Gradas, fue alquilado a Baldomero Padilla, un taxista que montó aquí su primer bar y lo rebautizó con el nombre de El Taxi (1966). Este bar está cerrado desde hace varias décadas y aún se mantiene en pie, sin embargo el salón se encuentra en ruinas y es propiedad del constructor “El Cypry”.
En cuanto al Bar Tera de la calle Mesones, sabemos que lo regentaron y explotaron los dos “Tomases” desde el 1955 y ambos se iban alternando como gerentes cada cuatro años, dado que comenzó siendo titular Tomás del Valle el “Chico” y en 1959 pasó a Tomás Aparicio el “Grande”. Este añorado Café Bar Tera sobrevivió hasta comienzo de los años 80 en que fue vendido a Miguel Fernández Tallante para poner una zapatería y ahora ocupa su lugar un establecimiento de ropa.
            En el año 2003, la comparsa femenina quiso hacerle un homenaje adoptando su nombre y evocándolo en algunas de sus coplillas.

* Extraído del libro en preparación HISTORIA DEL CARNAVAL EN ÚBEDA. 

JASA